Isabel en la Marcha de la Dignidad: retrato de madre con hija desaparecida

Antes que Peña Nieto huyera de la Ibero en su día de la vergüenza, dijo en Aristegui que todas las víctimas de la guerra contra el narco son delincuentes. Una crónica del pasado 9 de mayo sobre una mujer que llegó al DF para participar en la marcha de la Dignidad Nacional nos recuerda que muchos de los muertos son consecuencia de la impunidad del estado y sus fuerzas armadas. Un texto de Marta Molina.

“El primer Día de la Madre sin mi hija. Ahora todos los desaparecidos son también mis hijos”

por Marta Molina para Pulso Ciudadano

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Isabel: madre de una desaparecida (Foto: Marta Molina)

Son más de las siete de la tarde. Isabel está esperando que lleguen más madres como ella. Madres que tienen hijas e hijos desaparecidos, madres que no tienen a nadie para que les canten “Las Mañanitas” en un día tan especial como hoy: “El Día de las Madres”. Son mujeres que ya sólo tienen un a razón para vivir: encontrar a sus hijas e hijos desaparecidos.

Isabel llega sola a la Plaza de la Revolución de la Ciudad de México. No conoce a nadie. Lleva consigo la fotografía de su hija impresa a color en un papel de carta con una pequeña leyenda al lado bajo el título entrecomillado “¿La has visto?”: nombre, descripción física, fecha en la que desapareció, descripción de la ropa que llevaba ese día, un teléfono de contacto y el número de expediente de la CAPEA (Centro de Atención a Personas Extraviadas o Ausentes). La acompaña su sobrina de 5 años. “Es el primer Día de la Madre sin mi hija”, dice.

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La Marcha de la Dignidad Nacional llegando al DF la noche del 9 de mayo. (Foto: Marta Molina)

Expectante, observando, mirando a su alrededor a ver si alguien llega. Se le acerca un grupo de mujeres y se ponen a platicar. Es la primera vez que Isabel comparte su historia con otras madres de desaparecidos. Es la primera vez que va a participar de una marcha. Y es que hace solamente 60 días que desapareció su hija Georgina de 19 años. “Salió con sus amigas y nunca más volvió”, cuenta Isabel.

Su mirada es triste, pero su rostro transmite fuerza. Las mujeres y madres que la rodean, le comparten también sus casos. Algunas ya encontraron a sus hijos. Muertos. Pero siguen ahí, apoyando a las mujeres que llegan pidiendo encontrar a sus desaparecidos. De repente se convierten en madres de hijos o hijas que no son los suyos biológicos, pero como si lo fueran. Son madres luchadoras que llevan años sin celebrar un “Día de la Madre”. Ese día sirve para arropar a otras madres y ayudarlas a seguir buscando.

“Ahora todos los desaparecidos son también mis hijos”, dice Isabel después de anotar su teléfono e email de contacto a algunas de las mujeres que se acercaron a ella. Entiende que no está sola y con sus conversaciones, abrazos, palabras de apoyo y solidaridad le dan la fuerza suficiente para seguir adelante y empezar a organizarse junto con ellas para encontrar a su hija y a todos los desaparecidos.

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Los rostros que se llevó la guerra contra el narco (Foto: Marta Molina)

Ya llega la marcha “Madres Buscando a sus Hijas e Hijos y Buscando Justicia” que salió el pasado día 7 de mayo desde Chihuahua. Isabel escucha atenta las palabras de una de las madres que llegó desde el norte del país:

“Gemimos por el dolor de la ausencia de nuestros hijos. Porque nos quedó mucho amor en el corazón y no podemos dárselo a nadie más porque es de ellos y de ellas. Porque aquí hay un hueco, porque el alma duele. No hay nada que nos calme ese dolor de ausencia. Es por eso que decidimos dejar nuestros hogares, para estar convocadas esta noche aquí. Para recordarlos y recordarlas. Vamos a recordar el día que llegaron a nuestros brazos, cuando los tuvimos por primera vez y vimos sus sonrisas, cuando nos tomaron con sus manitas nuestras manos, cuando los amamantamos, los abrazamos, los tuvimos en nuestro regazo.

Hoy madres de México les pido que desde nuestro corazón les demos un aplauso a nuestros hijos e hijas, los que están ausentes, porque aquí están sus madres , gritándoles que les amamos, que las amamos y que cueste lo que cueste lucharemos hasta el final, que no luchamos por otra cosa más que por un día volverlas y volverlos a ver. O por un día, terminar nuestra misión en esta tierra y tenerlos en nuestro regazo en la otra vida.  Y decirles, que lo que nos quedó de vida lo luchamos por ellos y por ellas un día. Aplauso fuerte  porque se lo merecen. No es una lucha de odio. Es una lucha de amor mezclada con dolor. La química perfecta para seguir luchando cueste lo que cueste.

No estamos solas y lucharemos hasta que la vida se nos acabe, por ellos y por ellas”

Isabel se une a sus llantos, pero también a su lucha: encontrar a sus desaparecidos. A partir de ahora, el dolor que siente por la ausencia de su hija Georgina, es un dolor compartido con otras madres y también en una fuerza motriz para convertir la angustia y la desesperación en organización y lucha.  Isabel no está sola.

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