Una mochila para la crisis española

Artículo publicado en el número 3 de la Revista Variopinto en la sección Fuera de fronteras / España

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“Crisis” es la palabra que más retumba en las conversaciones de café, de sobremesa, en el autobús y el metro convirtiéndose en un adjetivo inseparable de  la vida cotidiana de los españoles. No sólo está en boca de sindicalistas o ministros de economía y políticos de todas las líneas y colores, también en la de parejas de enamorados que compraron una vivienda y que están hipotecados de por vida. Muchos, siguen enamorados, pero ya no tienen casa y conservan una deuda con su banco imposible de saldar. A otros les costó la convivencia y han vuelto a casa de sus padres que tampoco reciben las ayudas deseadas de un Estado con el que confiaron y al que aportaron toda su vida.

Algunos, hartos de oír la palabra “crisis” han dejado de leer periódicos y ver noticieros que hasta en la sección de deportes hablan de crisis, en donde la “prima de riesgo” se convierte en el sujeto habitual y “los recortes” en el complemento de la sección de cultura, sanidad, educación y sociedad.

Parece que lo tenemos más claro que nunca y que por fin nos hemos dado cuenta de lo que pasa: Estamos viviendo una crisis. No hay trabajo, el dinero no se mueve, más gente desempleada, desahucios, recortes a los funcionarios, en la educación, en sanidad, despidos y prejubilaciones. Todo esto con un denominador común al que se llevan por delante cuando se recorta con tijeras de sastre sin tomar las medidas a quien debe vestir el traje –aunque sea austero- : el estado del bienestar y los derechos humanos de los ciudadanos que confiaron en sus gobernantes.  Ellos son los que se han convertido en víctimas de la violencia estructural del sistema económico en el que vivimos que consiente perversiones financieras a costa de convertir a los suyos en mera mercancía a la que se les puede expulsar sin reparos de la residencia de ancianos, del hospital y de la escuela pública. Parece que los recortes están haciendo un traje a medida a los verdaderos responsables de la crisis mientras el resto se queda en calzones, en bragas o son obligados a hacer nudismo.

¿Qué tipo de democracia vivimos en España? Una sociedad paranoica, la del control, la del miedo y la desinformación, en la que importantes grupos mediáticos dan legitimidad a los movimientos especulativos de los que somos víctimas. ¿Vivimos una crisis de qué? Del sistema capitalista, financiero, una crisis permanente, la del “tercer mundo”, una crisis ecológica, de valores, de las democracias… “Quizás de todo, pero dichas crisis no han surgido de la nada”, comenta el economista catalán profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Arcadi Oliveres; “Los escándalos financieros del siglo XXI tienen unos responsables y unas víctimas: los grandes ejecutivos de las transnacionales han inflado unas burbujas financieras que, al explotar, han dejado a miles de personas desempleadas y sin ahorros. Y, por supuesto, las entidades bancarias no son precisamente inocentes”.

La española, en el fondo, se trata de una crisis más que hace temblar el sistema capitalista. ¡No es la primera! Pero eso si, es un poco distinta porque ésta es global y a su entorno se han enquistado distintas patologías como las que mencionamos. El sistema financiero se desmorona, las empresas presentan expedientes de regulación de ocupación y miles de personas se quedan sin trabajo -en España las cifras de desempleo han llegado a máximos históricos y la vivienda que teóricamente es un derecho, se ha convertido en un lujo- . “Si a todo esto le sumamos que el planeta está enfermando, que cada día mueren 60.000 personas de hambre, que se tolera la estafa y el fraude y que, como no hay mejor arma de control que el miedo, se crean nuevos enemigos y nuevos peligros, estamos más en crisis que nunca”, comenta Oliveres.

La economía española hace tiempo que está en situación de emergencia. Hasta el pasado gobierno socialista de Zapatero, cuando estaba agotando los últimos cartuchos de su mandato empezó a aplicar medidas muy poco socialistas pero que a la derecha le parecían insuficientes. Desde 2008 en España se está rescatando a la banca con dinero que se extrae del bienestar. A todo esto, las medidas tomadas por el actual gobierno español parecen no estar orientadas a solucionar ninguna crisis, sino a realizar, a través de ella, un grancambio estructural a base de recortes y contrarreformas. Frente a ello, algunos españoles como Maria Rosa Sitjà, miembro de Los Indignados del barrio de Sants de Barcelona, han identificado esta situación del “fin del bienestar con un golpe de Estado, un cambio violento del marco legal vigente y hasta un delitoque, como tal, convierte a las personas y los gobiernos que lo están realizando en susceptibles de ser juzgadas”.

Lorena es de Ecuador y hace 12 años que es trabajadora de la limpieza del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS)  en Barcelona y ve como cada viernes se manifiestan los funcionarios públicos en frente del edificio a la hora del desayuno.

“En Ecuador ya hemos sufrido una crisis. Por eso vine. La que vivimos ahora acá hace 4 años ya que la veo pero ahora se ve más. Lo que veo mal es que los recortes sólo los apliquen a los trabajadores  y funcionarios que no son de puestos de confianza y no a la gente que está arriba”.  Además, Lorena comenta que muchos de los trabajos que los españoles no querían hacer y que tradicionalmente los hacíamos los inmigrantes, ahora los quieren.

 

Rescate de bancos, recorte de derechos

En España, se destina dinero público a rescatar a los bancos y se recorta en políticas sociales. Mientras tanto, Mariano Rajoy el actual presidente del país que ganó las elecciones –podríamos decir de la crisis- en noviembre de 2011 con una participación bajísima insiste en recordar que “tenemos el Estado del Bienestar que podemos permitirnos”. Así lo subrayó el pasado viernes 13 de julio en el Congreso cuando hizo públicos parte de los nuevos recortes -según él, inevitables- de un  serial de tijeretazos que empezó a deslumbrar –o más bien ensombrecer- el pasado 30 de diciembre.

El brutal hachazo que el Gobierno actual del Partido Popular propina a un estado del bienestar más delgadito que nunca son ni más ni menos que 65.000 millones de euros en dos años y medio, casi cinco veces más del aplicado por Zapatero en 2010 (15.000 millones). Con castigos tan impopulares como la subida del IVA -tipo general aumentará tres puntos –del 18% al 21%-, la reducción de las prestaciones por desempleo, la supresión de la paga extra de Navidad a los funcionarios públicos, el ajuste adicional de 600 millones de euros en los ministerios, más reducción a las ayudas a partidos y sindicatos, la reforma de las pensiones o el alza de los impuestos. Todo esto y más sin que, en contrapartida, se grave más a las rentas más altas. “Dije que bajaría los impuestos y los estoy subiendo. No he cambiado de criterio. Ni renuncio a bajarlos cuando sea posible, pero han cambiado las circunstancias y tengo que adaptarme a ellas. Hago lo único que se puede hacer para salir de esta postración” -palabras textuales recogidas en el ‘Diario de sesiones’ del pleno del Congreso del 11 de julio)

“Nos están vendiendo y no nos avisan”, comenta Lydia Ortega, trabajadora de Correos de España, organismo que “quieren privatizar totalmente”, nos dice. Nosotros nos enteramos leyendo el BOE (Boletín Oficial del Estado) cada día, porque no nos avisan ni informan”

Rajoy insiste en decir que “Los españoles hemos llegado a un punto en que no podemos elegir entre quedarnos como estamos o hacer sacrificios. No tenemos esa libertad”. Pero su Gabinete destina más dinero a la banca y a los poderosos mientras empobrece a los españoles justificando este rescate “porque el sistema financiero es a la economía de un país lo que la sangre representa para el cuerpo humano. Sin él,  no habrá ni bienestar ni riqueza”.

Y mientras el presidente del país justifica los recortes y el rescate a los bancos con argumentos de este tipo la gente común y corriente sigue organizándose e indignándose “Después del verano ya hay agendada una huelga general. Euskadi ya ha convocado para el 26 de septiembre y nosotros nos uniremos”, comenta Lydia Ortega. ¿Quién es la sangre de este país? ¿El sistema financiero o su gente?

Frente a la bancocracia y el tijeretazo

Primero los bancos. Y ante este panorama, ¿qué? La peor de las actitudes es la indiferencia, el decir ‘no puedo hacer nada contra eso, ya me las arreglaré para salir adelante’. Pero la sociedad española también ha recuperado la facultad de indignarse y de comprometerse -que es sin duda, una consecuencia de lo primero. Se demostró en las movilizaciones de Los Indignados del 15-M de2011 en España contra los primeros recortes del gobierno socialista. Y es que cuando en una “democracia” hay más del 40% de los jóvenes sin trabajo ni perspectivas de futuro, el malestar social es inevitable. Los cacerolazos y las movilizaciones del 15-M pedían una “democracia real ¡ya!”, una sociedad “sin políticos ni banqueros”. Eran –son- los Indignados que en su mayoría creen que los sistemas parlamentarios y de gobierno representativos no están respondiendo a las necesidades de la gente sino a las reglas del juego impuestas por la fuerza del dinero, la “bancocracia” -y no la democracia-.

El 15-M dijo: “No nos representan”, como dicen hoy los comuneros de Cherán en Michoacán y dijeron los pueblos indígenas de Chiapas con un  ¡Ya Basta! en 1994 y que hoy retoma más fuerza y actualidad que nunca.  Piden, como los YoSoy 132-, una democracia auténtica. Cierto es que hablamos de contextos y realidades distintas pero estas indignaciones forman parte del malestar global que pide una nueva arquitectura internacional que suministre nuevos engranajes a las crisis.Propuestas creativas, justas y dignas ante un presente que se desmorona y un futuro que se escapa de las manos. “Ahora o nunca”, como dijeron en sus lemas los mineros asturianos durante las movilizaciones el pasado mes de junio en España. Organización, unión y creatividad. Ingredientes esenciales para dar una respuesta alternativa a la crisis.

Pero para lograr el cambio será necesario un trabajo constante y permanente, sin descanso, como todas las acciones que quieren tener efecto. Y en España, no se ha parado. Precisamente, durante las  movilizaciones contra los recortes de los meses de julio y agosto los protagonistas han sido los empleados públicos. Estas manifestaciones  sorprenden tanto por su composición –vemos de forma inaudita camisetas de policías y bomberos- como por su fecha  –el tópico dice que a partir del 15 de julio la protesta se va de vacaciones– como por sus formas -con cortes de tráfico olvidados desde hace tiempo en este tipo de manifestaciones en el país.

Después del “tijeretazo” de Rajoy del pasado 13 de julio los bomberos se manifestaron con pancartas de: “rescatamos personas, no bancos”, los policías llamaron ladrones a los políticos y los mineros asturianos y los indignados del 15-M siguen organizándose y comprometiéndose a buscar soluciones contra la violencia estructural para encontrar un camino posible al mundo postcrisis. Siguensumando fuerzas frente a ungobierno que prefirió recortar el gasto público y salvar a los bancos como medida “anticrisis” en vez de aumentar los impuestos a los ciudadanos más ricos y a las grandes corporaciones.

Cuando la crisis grita independencia

¿Qué pasaba en el mundo colonial cuando la metrópolis estaba en “crisis”?, ¿no era después de años –¡o siglos!- de saqueo sin medida de los recursos naturales y una máxima explotación de la población local a la que le fueron arrebatados sus derechos que se empezaba a respirar ambiente de revolución,  independencia y autonomía?, ¿qué pasa cuando un gobierno recorta y recorta chupando la sangre a sus ciudadanos sin tener en cuenta sus derechos cuando ya cumplieron sus deberes?

Algunos, como Alfred Bosch, portavoz del partido de izquierda independentista (ERC) en el Congreso se aventuran a plantear una posible salida en forma de grito de independencia: “nosotros, los catalanes hemos estado rescatando y subsidiando España durante décadas y ahora el gobierno español pone duras condiciones a cualquier ingreso o crédito para luchar contra la crisis. Una gran mayoría de ciudadanos estamos empezando a creer que nos iría mucho mejor caminar por nuestra cuenta. En cualquier caso, ¿quién puede culparnos por querer escapar del desastre económico escapando de España? “

De hecho, en plena crisis española se ha reflejado un aumento de la opinión de los catalanes favorables a la independencia, los que creen que Cataluña estaría “mejor que ahora” siendo un país independiente del Estado español. El 11 de septiembre es “La Diada de Catalunya”, el día en que  se reivindica la recuperación de las libertades perdidas hace 300 años y se reclama el derecho a decidir libremente el futuro como garantía para construir una sociedad justa y auténticamente democrática.

El 15 de septiembre México grita Independencia mientras las transnacionales siguen apoderándose del país y la violencia estructural y física aumenta el número de víctimas de forma espectacular.  Mientras en México se grita una independencia a la que le quedan varias conquistas por hacer, España sigue en crisis y los recortes  al orden del día. Frente a este panorama, algunos emprendedores y empresas españolas optarán por ir a México, el que un día fue “su país colonizado”, en un intento de “fuga” mezclado con búsqueda de oportunidades desesperadas para abrir nuevos negocios y probar suerte escapando de un estado en el que no creen y al que no quieren aportar ni pedir.

Otros, se quedaran en España para luchar por un futuro mejor, hacer política sin partidos, organizando a sus comunidades en acciones de resistencia civil noviolenta y exigiendo sus derechos. Los de más allá, propondrán seguir un camino distinto, el del federalismo o hasta el de la independencia, para liberarse de las cadenas de una España que se hunde y seguir adelante.

El mes de septiembre será clave. Durante el verano las protestas no se han ido de vacaciones y parte de la sociedad civil se para prepara para  empezar el nuevo curso de movilizaciones organizadas, consientes de la importancia de recuperar los lazos de comunidad que se han perdido desde hace años y los valores solidarios que sólo una crisis de este calibre puede devolver.  Esto es lo que se llevan en la mochila.

Marta Molina, periodista independiente de Barcelona, España.

 

 

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