Archivo mensual: agosto 2013

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“Los malos gobiernos neoliberales y las empresas transnacionales reinan con el dinero y por eso imponen proyectos de muerte en nuestro territorio” (Comandanta Miriam). Muchos dicen que ayer terminaron los trabajos del Congreso Nacional Indígena (CNI). A mi me parece … Sigue leyendo

Los alumnos de la escuelita zapatista se van con deberes

Marta Molina, San Cristóbal de las Casas, Chiapas

17 de agosto 2013 para la Red de Medios Libres de Chiapas

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La primera generación de alumnos de la primera escuelita zapatista se va con una tarea importante y una gran responsabilidad: trasladar a sus colectivos y movimientos lo que aprendieron durante cinco días en las comunidades y familias que les acogieron. A partir de hoy, 1.700 personas de México y de otros países del mundo tienen quizás los deberes más difíciles de hacer: trabajar para organizar sus movimientos y ejercer la responsabilidad colectiva de seguir luchando ahora, con todo lo que se llevan, de lo que vieron y vivieron con los  zapatistas.

El día en que se inició la Cátedra Tata Juan Chávez Alonso en el CIDECI de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que reunió a representantes de los pueblos originarios de todo México convocados por el EZLN, llegaron algunos de los alumnos que en los últimos días estuvieron escuchando y aprendiendo con familias zapatistas qué es la libertad y la autonomía.

Mientras los pueblos en resistencia y lucha por la defensa de sus territorios -sea por la amenaza de empresas transnacionales, narcotráfico, gobierno- compartían sus victorias o sus errores organizativos, gente de todo el mundo llegaba al mismo espacio desde donde partieron para la Escuelita. Sus rostros cansados no podían esconder la emoción de haber sido parte de la primera generación de “egresados” que no obtienen un título de graduación pero si una responsabilidad mayor que la que te da un papel que demuestra tus logros académicos. Aquí los egresados serán los que se lleven con ellos unos deberes que les ocuparán toda la vida, hasta que su movimiento se organice, hasta que su comunidad sea más libre.

Algunos regresaron con ampollas en las manos de usar por primera vez el machete para trabajar en el campo. Otros, junto con la familia con las que les tocó convivir, se levantaban escuchando tojolabal, chol, tzeltal, tzotzil antes de la salida del Sol para hacer tortillas –para algunos, la primera vez-, a cocinar, a preparar el pozol para los compañeros que se iban a trabajar la milpa, a cortar y cargar la leña. Desayunaban juntos frijoles, tortillas y compartiendo experiencias, desde las más sencillas hasta las más complicadas entendiendo que su resistencia viene de las propias familias, ya desde niños.

“Ellos cuidan la madre tierra porque es lo que les brinda la comida. En las ciudades lo compramos todo en frascos y no sabemos ni de donde viene. Esto también es parte de la libertad”, comenta Marcos, de Argentina cuando le preguntamos si ya nos puede decir lo que es la libertad según los zapatistas.

Otros nos comentan que su libertad es ejercer su autonomía sin la ayuda del gobierno y que es su trabajo duro diario y cotidiano lo que les permite sobrevivir sin el gobierno y así, ser libres. Coherencia, resistencia y responsabilidad son palabras que se repetían en las conversaciones que mantuvimos con los recién llegados.

“Ser libres es poder decidir por ellos mismos qué vida quieren hacer, qué educación quieren tomar, cómo quieren formar a sus hijos, y cómo se quieren organizar”, comenta Marcos. “Nosotros tenemos que ir al supermercado, ir a la escuela que nos ofrece el sistema para reproducir el mismo sistema, la universidad también, la salud que nos brinda el sistema y que no entendemos”.

Toño, de Brasil, regresaba de la comunidad de Rosario de Río Blanco ahí en el Caracol de La Realidad, cerca de Las Margaritas. “Fue la mejor escuela a la que he ido en toda mi vida, una escuela de la resistencia y de vida en dónde aprendimos en la práctica la teoría de la autonomía zapatista”, comenta.

Otro aprendizaje, para muchos, es el que una familia zapatista pueda convivir tranquilamente con una comunidad en dónde la mayoría de la gente son priistas y reciben dinero de proyectos del gobierno. “Pero si un día les quitan la ayuda financiera no sabrán qué hacer”, dice Toño en palabras de uno de los miembros de la que considera ya su familia zapatista.

“Ellos tienen diferencias con sus vecinos pero no por eso son sus enemigos. Son las mismas personas. Además, nos están deteriorando la vida a todos en conjunto, aunque sean partidistas, no partidistas, hasta en el propio ejército hay indígenas y eso es lo que ha estado planeando el capitalismo, enfrontarnos contra hermanos”, comenta Erwin, procedente de Cuetzalan, en Puebla, y quien trabaja para construir la autonomía de la comunidad donde vive.

Para muchos fue imprescindible aprender cómo conviven con los que no piensan como los zapatistas, cómo trabajar una actitud no confrontativa y seguir conviviendo con hermanos no zapatistas que hasta pueden llegar con alguna enfermedad a una clínica autónoma y se les atiende, no se le rechaza. “En el mismo pueblo se saluda a las personas no zapatistas con cariño porque todos somos víctimas del sistema. Dicen que más bien son gente manipulada por el gobierno y el dinero que les dan, pero que todos venimos de un mismo lugar y que el enemigo es el mismo. Además, si estos hermanos llegan a provocar con violencia, uno no puede responder con lo mismo porque el fuego no se apaga con fuego”, comenta Erwin.

Los guardianes (votanes) y los maestros de cada alumno fueron sus referencias y sus guías. Con ellos iban al campo y estudiaban por la tarde, junto con toda la familia. El tema de no hablar la misma lengua, en muchos casos, no fue precisamente un problema. “Acabamos entendiéndonos”, comenta Camila, de 17 años y estudiante en un CCH de la UNAM quien cuenta que leían conjuntamente los libros de texto, bien distintos a los que ella conocía: “me encantó porque ponen anécdotas; lo explican todo a través de anécdotas, que son el reflejo de la práctica”. Camila desea que haya un segundo grado de la Escuelita y que la dejen asistir porque ya aprendió que la autonomía sí existe, que sí es posible.

Mónica Olaso, de Uruguay, comparte con nosotros una de las frases que más le impresionó cuando le preguntó a su maestro por qué les llamaron y qué esperan de ellos: “¿sabes qué pasa Mónica, una bala no va a llegar hasta Uruguay pero la palabra nuestra si”. Vuelve a su país, dice, con una responsabilidad, más bien una misión: insistir en la parte organizativa, lo más difícil. Organizar con paciencia para cumplir los acuerdos que se toman en conjunto con las personas de su comunidad y luego también, pasar las enseñanzas que están en los libros que les dieron y las que están ya en su persona, en sus vivencias.

“Los zapatistas quisieron que les escucháramos, que les viéramos, que compartiéramos experiencias de lucha. Ahora, la misión está en nosotros: que cada uno, de acuerdo con nuestros modos y lugares, continuemos organizando, según nuestro contexto; movimientos rurales, urbanos, da igual, pero vamos a aprender a ser más autónomos, por lo tanto más libres y a convivir hasta con el propio enemigo, porque si eres autónomo y libre puedes convivir con ellos”, comentan Mónica y Toño.

Mañana seguiremos escuchando y aprendiendo sobre las resistencias de los pueblos originarios de México en la Cátedra Tata Juan Chávez Alonso. Una cátedra que ayer empezó a caminar hacia la organización de las luchas por la dignidad, la justicia y la memoria en México y permitir medir la fuerza de los pueblos que forman parte del Congreso Nacional Indígena y los que no, para organizarse en conjunto.

Todo esto mientras más 1.700 alumnos de la primera Escuelita de la Libertad regresan a sus casas con muchos deberes por hacer, muchas redes por armar, y mucho que organizar. A tomar nota e ir entregando los deberes de la escuelita en forma de lucha.

Roco Pachukote habla de la Escuelita Zapatista con la Red de Medios Libres de Chiapas

 

“¿Dónde podemos encontrar una escuelita en la que gratuitamente te den, transporte, hospedaje, alimentación, libros de texto, materiales y al mismo tiempo donde te pongan un maestro por cada alumno que va a estar 24h del día durante el transcurso de la educación contigo?.” Comenta Rocko en entrevista con la Red de Medios Libres de Chiapas en una de las palapas del CIDECI. Según él, la esencia de la escuela es enseñarnos y aprender entre todos a ser mejores seres humanos. Lo ve como una sabia iniciativa que viene de votán zapata en estos momentos en que a nivel mundial, los movimientos estudiantiles son parte fundamental de la transformación de las sociedades en Chile, en México y en todo Latinoamérica en donde los estudiantes están cuestionando qué es la educación y qué educación les están dando. “Nos educan para trabajar para sus transnacionales para sus proyectos destructores o la educación puede ser para ser mejores seres humanos?” Se pregunta el roquero y activista mexicano quien, a pesar de que fue invitado a esta primera edición de la escuelita, asistirá a la segunda edición. 
Red de Medios Libres de Chiapas: 
http://chiapas.mediosindependientes.info
[RR] Reporting on Resistances 
https://martamoli.wordpress.com/

Crónica de una fiesta. “Nueva Semilla que va a Producir”

Celebración de los 10 años de la creación de las Juntas de Buen Gobierno desde el Caracol V

Marta Molina.- 8 y 9 de Agosto, Roberto Barrios, Palenque, Chiapas

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Foto: Moysés Zúñiga Santiago

“Sean bienvenidos al décimo aniversario de los Caracoles y de las Juntas de Buen Gobierno. A las nueve treinta de la noche, desde la hora de combate sur oriente damos por inaugurada la fiesta”. Con estas palabras, en voz de una compañera de la Junta y en el auditorio del Caracol V de Roberto Barrios se dio inicio a una fiesta que duraría tres días. “¡Vivan nuestros hermanos caídos en el combate de 1994!, ¡Viva la resistencia!, ¡Viva el EZLN!”.

“El aniversario es también para ver los logros y errores que cometimos en el camino, además sin las Bases de Apoyo Zapatistas esto nunca hubiera sido posible”, comenta la compañera en frente de un auditorio lleno de bases de apoyo y sociedad civil nacional e internacional quienes emiten un ensordecedor aplauso que resuena en las paredes del auditorio de bambú y block. Muchos jóvenes procedentes de los pueblos que pertenecen al Caracol V escuchan expectantes las palabras de la Junta de Buen Gobierno desde fuera del recinto situado en la parte central del Caracol y esperan con ansias el anuncio del programa cultural, deportivo y político de los próximos días.

“Según se ha decidido en la Junta, el horario del baile de mañana será de 10 de la noche a 4 de la madrugada. ¿Está bien este horario?”, “¡Si!”, responden los presentes al unísono y se escuchan de lejos algunas risas y comentarios emocionados. Todo apunta que va a ser una gran fiesta. Los miembros de la Junta se retiran después de concluir su palabra, y mientras desfilan hacia la salida del auditorio con su pasamontañas negro, suena el himno Zapatista. Ya se mira el horizonte /
Combatiente zapatista 
El camino marcará / 
a los que vienen atrás …

“Nos vemos en la fiesta mañana, a ver si echamos el bailazo”, comenta Francisco al salir del auditorio. Tiene unos 70 años, lleva una camisa desabrochada, luce bigote blanco y un descolorido paliacate rojo en el cuello. Es de Tumbalá, en el Municipio Autónomo del Trabajo y recuerda con nostalgia el año nuevo del 94. Seguido, con una sonrisa esperanzadora, dice “y vio usted cuantos jóvenes están hoy en la celebración de los 10 años de Juntas de Buen Gobierno? Ellos son los que siguen, los que vienen atrás”. Los jóvenes a los que se refiere Francisco deben tener entre unos 14 y 16 años y nacieron ya en el seno de una comunidad autónoma zapatista haciendo suyas las 13 demandas zapatistas de techo, tierra, trabajo, alimento, salud, educación, información, cultura, independencia, democracia, justicia, libertad y paz.

Fiesta. Baile. Estas palabras recuerdan a lo que casi 20 años antes, el día de año nuevo se decían los insurgentes unos a otros a sabiendas de que el primero de enero de 1994 se iba a celebrar una fiesta en forma de alzamiento armado para seguir la revolución que comenzó hace treinta años con el nacimiento del EZLN. Fue entonces cuando nació el primer Aguascalientes en la comunidad de Guadalupe Tepeyac y el EZLN inició la lucha política contra el “mal gobierno”.

Pero el bailazo de hoy y mañana es para celebrar los diez años de las Juntas de Buen Gobierno (JBG), el sistema de gobierno autónomo de las comunidades zapatistas en Chiapas y la transformación de los cinco “Aguascalientes” en cinco Caracoles en una nueva etapa de la lucha zapatista.

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Foto: Moysés Zúñiga Santiago

La llegada

Al inicio de la tarde del día 8, bajo un calor pegajoso de clima selvático y un cielo despejado, sin nubes, vemos llegar a los que vienen de distintas comunidades zapatistas aledañas cargados con sacos de comida y bolsas de dormir. Vienen a celebrar al Caracol que les corresponde como centro administrativo y de servicios, en donde el pueblo manda y el gobierno obedece.

Hay cinco Caracoles, uno en cada región recuperada por los zapatistas en 1994. La Realidad en el sur de las cañadas de la Selva Lacandona; Roberto Barrios en la misma selva en la zona norte; La Garrucha y Morelia, cerca de Ocosingo, que es la puerta de entrada a la selva; y por último Oventic en la zona Altos de Chiapas.

Viajamos 250 kilómetros desde San Cristóbal de Las Casas para celebrar con los y las compañeras zapatistas los 10 años del surgimiento Juntas de Buen Gobierno. Nos estamos auto-invitando a su casa, a su fiesta. De ellos depende si nos dejan unirnos al festejo o no. Por esta razón, esperamos pacientemente nuestro turno en la puerta de vigilancia casi amontonados en la pequeñita sombra que nos regala la frondosa copa del único árbol situado en la mera entrada.

Somos 8 periodistas independientes de Guatemala, México, Noruega y Cataluña y gente de la sociedad civil nacional e internacional y algún turista curioso que decidió pasar su última tarde en el país aprendiendo con los compañeros zapatistas. Los compañeros y compañeras de los medios libres somos bien recibidos y nos invitan a pasar a acomodarnos y a disfrutar de la fiesta.

La bandera tricolor de México y la bandera zapatista (fondo negro, la estrella roja de cinco puntas y las siglas EZLN) ondean en el centro del Caracol en frente de un enorme árbol alto, frondoso, de fuerte tronco y de raíces profundas que seguramente presenció más de lo que todos los presentes pueden contar con palabras. Despojos, hostigamientos, resistencias y victorias de las comunidades aledañas al que ahora se conoce como el Caracol V “Nueva Semilla que va a Producir”.

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Foto: Moysés Zúñiga Santiago

Bien entrada la tarde, compartimos con las compañeras zapatistas el momento de “arreglarse para la fiesta” y disfrutamos con ellas de un buen baño en las cascadas y el río en frente del Caracol. Caminos de lodo perfilados en verde por plantas selváticas nos conducen a este lugar ideal para que se desvelen algunos de los preparativos y detalles del programa cultural de la fiesta mientras unas se bañan, nadan o aprovechan para lavar ropa.

En la noche, tres músicos zapatistas son los encargados de dar paso a la proyección de documentales elaborados por los promotores de comunicación del Caracol V. El primero, “Nuestra mera historia”, toda una lección de memoria a través de entrevistas a los miembros más viejos de la comunidad, a los abuelos y abuelas que les cuentan, desde sus luchas de resistencia hasta las tradiciones más antiguas respecto a temas de lengua, salud y educación. Después de las proyecciones, el trío musical vuelve a amenizar al son de corridos que relatan la historia zapatista, la primera noche de una fiesta que promete.

La Nueva Semilla que sigue produciendo

Día 9. Hoy es el mero día. El día en que los zapatistas celebran los 10 años de existencia de los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno y, además, el día internacional de los pueblos originarios.

Amanecemos con un aviso: “los de la sociedad civil vayan pasando al desayuno para que no se haga muy larga la cola”. Seguidamente el mismo aviso se dirige a cada uno de los municipios que pasaron la noche en el Caracol. A los que festejaron hasta tarde se les pegan las sábanas pero los anuncios recuerdan constantemente que tan importante es hacer las cosas a tiempo. Son apenas las 7 de la mañana, las 8 en el horario de combate sur oriente y a las 9 comienzan los torneos deportivos. El desayuno es abundante: un delicioso caldo cocido de res con verduras y tortillas de maíz hechas a mano. Se nota que estamos de celebración, pues mataron una vaca sólo para la ocasión.

Después del desayuno, los equipos de básquet femeninos y masculinos ya están listos para jugar. A lado y lado de la pista asfaltada, las bocinas hablan: “Estamos comentando el partido entre los huecos de la pared de bambú del auditorio, compañeros. No vemos nada. Pero ya tenemos una comisión de responsables para decirnos quien va ganando porque aún no tenemos una compu para retransmitir vía satélite”.

Los comentarios animados siguen desde el interior del auditorio hasta que de forma sumamente organizada, deciden trasladarse afuera para seguir retransmitiendo. “Tampoco se caigan porque la comisión de salud está limpiando los baños, así que con cuidado” –dicen los comentaristas del juego.

Del torneo femenino gana el equipo de “Las Rebeldes” quienes llegaron a la final jugando en su mayoría descalzas y algunas con un atuendo poco común en las pistas de básquet convencionales: faldas y huipiles tradicionales o modernos jeans largos y ceñidos. En cualquier caso, el atuendo no importa para que lleguen con facilidad a la final y consigan la victoria.

Mientras tanto, en la cocina, equipada con grandes comales, cubetas con agua y masa de maíz, una enorme brigada de hombres y mujeres preparan tortillas para la comida y remueven enormes ollas con frijoles hirviendo. El alimento ideal para después del partido.

Un agradable baño en el río, y todas y todos se preparan para la exposición de la Junta de Buen Gobierno (JBG). Como anunciaron el día anterior, van a exponer un mural que cuenta la historia del EZLN y el nacimiento de su forma organizativa en una línea del tiempo con fotografías de los momentos más importantes para los zapatistas en los últimos años. Durante la exposición es fácil darse cuenta de que la semilla que sembraron en el Caracol V hace diez años, sigue produciendo y dando frutos.

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Foto: Moysés Zúñiga Santiago

“Ayer, día 8, celebramos diez años de la muerte de Aguascalientes. Hoy, día 9, celebramos 10 años de surgimiento de las JBG y les queremos explicar nuestros trabajos. Estamos contentos y alegres de poder compartir este caminar de todos y todas”.

En frente de un auditorio lleno empiezan a narrar en idioma tzeltal, Cho’l  y español el arranque del movimiento con “la pesadilla de Carlos Salinas de Gortari”.

“Desde el primero de enero de 1994 dimos a conocer que somos un producto de hace 500 años, somos los descendientes de estas tierras. Vimos que era necesario tomar otro modelo de lucha porque las luchas pacíficas no eran escuchadas y el racismo y la pobreza seguían presentes”.

Hablaron del precario sistema de salud del mal gobierno en el que niños y niñas morían de enfermedades que eran curables y del alto grado de analfabetismo.

“Queríamos avanzar hasta la capital del país pero no fue así. Fueron 12 días de guerra y obligamos al gobierno a dejar de matar campesinos”

Después de un largo repaso a la historia zapatista presentaron los logros en temas de salud, educación y la lucha de las mujeres haciendo hincapié en la necesidad de recuperar la sabiduría de “nuestros abuelos” en temas de salud y herbolaria y la autonomía en temas de educación.

“queremos que sea una educación teórica y práctica en la que los alumnos se preparen para el futuro en su comunidad, una educación autónoma”.

Antes de terminar con la exposición comentan el esfuerzo que está significando la organización de la Escuelita Zapatista que les obligó a parar las clases e invertir todas sus fuerzas en esta escuela tan importante para explicar al mundo “la libertad según los zapatistas”.

Después de esta exposición empieza el programa cultural: zapateados, música en vivo, bailables… Jóvenes y jóvenes de todas las comunidades que pertenecen al Caracol V tienen su número a punto y a la comunidad entera prestando atención. Los aplausos, risas y gozos abundan por doquier, incluso cuando se acaba la energía eléctrica autónoma de la comunidad, momento en el que vuelve a aparecer el trío musical con su guitarra, guitarrón y violín entonando corridos de su cancionero Zapatista como “La Toma de Ocosingo” o “Yo Nací Aquí en Chiapas”. Los compañeros músicos nos permiten hojear su Cancionero e intentamos memorizar la última ranchera, “La Canción de las Mujeres”

Les diré muchas verdades de nuestro dolor y muerte

 por más de 500 años cargando con nuestros muertos,

 pero los malos gobiernos,

nos violan nuestros derechos

Nosotras las campesinas,

exigiremos justicia,

al igual también respeto y también la democracia.

¡Brindemos todas unidas! basta de tanta masacre,

la explotación y la guerra.

En tiempo del Salinismo,

surgieron las zapatistas,

armadas con sus machetes fusiles y bayonetas

A las mujeres del mundo: sigamos todo el ejemplo, el valor y la esperanza de todas las olvidadas.

Nosotras las zapatistas,

invitamos las mujeres

y todito el mundo entero,

 que cumpla con sus deberes. 

Luchando por nuestro anhelo,

murieron muchas hermanas, que Dios las tenga en el Cielo.

Y por fin, ¡el bailazo!. Puntual. De diez de la noche, a 4 de la mañana pudimos disfrutar de la banda “Alex y su escalera musical”. El festejo empieza al mismo tiempo que la lluvia. Para muchos, se convierte en una buena manera para refrescarse del calor mientras bailan. Otros se cobijan debajo de las lonas de plástico que cubren la pista de baile y los músicos. A pesar de la lluvia y el lodo, Don Francisco, de Tumbalá, se asegura de que no se olvide el prometido “bailazo” con una alegre mirada y una sonrisa. “Hoy, hasta las 4!” comenta.

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 Algunos durmieron, otros no tanto, pero nos fuimos con el corazón alegre rumbo a San Cristóbal de Las Casas para asistir al día de la inscripción a la Escuelita Zapatista en el CIDECI-Unitierra. En el camino, nos cruzamos con algunos compañeros que siguen nuestro mismo rumbo pero con camionetas y rediles vacíos y hasta un bus escolar amarillo. Todo a punto para trasladar a sus comunidades a las más de 1700 personas que llegarán del mundo entero para asistir a la Escuelita de la Libertad a partir del próximo 11 de agosto.

Lean la crónica de los compañeros y compañeras del Centro de Medios Libres desde el Caracol de Oventik:

Día 9: http://www.megafono.lunasexta.org/node/2022

Día 10: http://www.megafono.lunasexta.org/node/2025

Rumbo a la escuelita zapatista

Marta Molina.- San Cristóbal de las Casas, Chiapas

Maestra de la Escuelita Zapatista.

Después de 3 días de fiesta en los cinco Caracoles zapatistas por el 10º aniversario de las Juntas de Buen Gobierno (JBG) ya está todo listo para la tan esperada Escuelita de la Libertad que inicia hoy de forma simultánea en La Realidad, Oventic, Morelia, La Garrucha, Roberto Barrios así como en el CIDECI (Centro Indígena de Capacitación Integral) en San Cristóbal de Las Casas.

Más de 1700 alumnos vinieron de todo el mundo para asistir a la primera edición de esta escuela autónoma zapatista entre el 12 y el 16 de agosto. Nadie sabe exactamente cómo va a ser pero tienen claro que van a aprender a escuchar lo que los pueblos originarios de Chiapas tienen que decir. Convivirán con ellos y participarán de su cotidianidad.

Maestra Zapatista a la hora de la comida en la cocina del CIDECI. Foto: Moysés Zúñiga Santiago

Maestra Zapatista a la hora de la comida en la cocina del CIDECI.

Desde temprano en la mañana del 10 de agosto empezaron a llegar al CIDECI algunos de los invitados a la escuelita. Todos debían llegar a este espacio para que les designaran el lugar en donde van a tomar las clases durante los próximos cinco días. Algunos, decidieron ir al Caracol correspondiente por su propio pie y ceder su espacio en los camiones de traslado a los que llegarían el 11.

A día de ayer, ríos de gente con sus pesadas mochilas se acercaban caminando por el camino de terracería que llega al CIDECI para confirmar su inscripción. Debían tener su número de confirmación de registro y una identificación en mano. Varios grupos de apoyo ayudaron a agilizar las inscripciones y a organizar a los alumnos en filas según el Caracol al que les tocaba viajar.

Antes de las 11 de la mañana, dos camionetas con el rótulo “Maestr@s de la Escuelita Zapatista” llegaron con parte de la comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a bordo -Tacho, David, Felipe, Zebedeo, Bulmaro, Ismael, Miriam, Susana, Hortensia y Yolanda, entre otros- quienes coordinaron la salida de los más de 45 vehículos entre camionetas de redilas, combis -todas identificadas con el municipio autónomo zapatista al que pertenecen- y un School Bus amarillo estacionados en la entrada al CIDECI, ahí donde empieza el camino viejo a San Juan Chamula.

La mayoría de los alumnos llegan sin una expectativa concreta, “a ver que se encuentran y cómo será”, pero eso si, vienen dispuestos a escuchar, a aprender y a trabajar mucho. Se respira emoción e impaciencia entre los que están ya formados a punto de salir. Muchos de ellos nunca han estado en una comunidad indígena o en un Caracol zapatista, como Federico Gómez del movimiento Más de 131 quien empezó a acercarse al zapatismo hace escasamente un año. De su colectivo, llegaron más de 20 personas a la Escuelita.

Krisna es trabajador sexual transgénero y viene del Distrito Federal. Comenta que le interesa ver las funciones de hombres y mujeres en la lucha zapatista. “Vengo a aprender más, y qué mejor que los compañeros nos brinden su tiempo para darnos enseñanzas. Va a ser todo horizontal, con mucho respeto y dignidad, y vamos a esperar que ellos nos compartan su proceso de autonomía”.

Don Pablo González Casanova recién inscrito a la Escuelita.  Foto: Moysés Zúñiga Santiago

Don Pablo González Casanova recién inscrito a la Escuelita. Foto: Moysés Zúñiga Santiago

Entre los alumnos, a parte de mexicanos y mexicanas de casi todos los estados los hay de procedencias diversas, pero sobre todo de Europa, Sur América, Centro América y Norte América. Gente que no está articulada en ningún colectivo, colectivos que acaban de nacer y están en pleno proceso de formación, grupos y movimientos adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona e intelectuales que han estado acompañando la lucha zapatista desde sus inicios. Entre estas caras conocidas llegaron Jean Robert, Gustavo Esteva y Pablo González Casanova que figuran, junto con otros, entre “los invitados especiales que estarán exentos de calificaciones” porque, como expresó el Subcomandante Marcos en uno de sus últimos comunicados, “entienden bien lo que es la libertad según nosotros, nosotras las Zapatistas” pero deben estar presentes en este momento tan importante que camina “hacia un solo destino, que también es el de ellas y ellos”.

También llegaron a las tierras sagradas de la alegre rebeldía, músicos que han estado apoyando el zapatismo desde siempre como el Mastuerzo y Rocko Pachukote quienes participaron del concierto inaugural de la Escuelita que empezó a las 9 de la mañana y terminó a las 9 de la noche y fue retransmitido en directo por internet por el colectivo Koman Ilel.

Moyenei Valdés, cantante compositora y artista digital, Chilena participará de la primera Escuelita Zapatista.

Moyenei Valdés, cantante y artista digital, Chilena participará de la primera Escuelita Zapatista.

“¿Dónde podemos encontrar una escuelita en la que gratuitamente te den, transporte, hospedaje, alimentación, libros de texto, materiales y al mismo tiempo donde te pongan un maestro por cada alumno que va a estar 24h del día durante el transcurso de la educación contigo?.” Comenta Rocko en entrevista con la Red de Medios Libres de Chiapas en una de las palapas del CIDECI. Según él, la esencia de la escuela es enseñarnos y aprender entre todos a ser mejores seres humanos. Lo ve como una sabia iniciativa que viene de votán zapata en estos momentos en que a nivel mundial, los movimientos estudiantiles son parte fundamental de la transformación de las sociedades en Chile, en México y en todo Latinoamérica en donde los estudiantes están cuestionando qué es la educación y qué educación les están dando. “Nos educan para trabajar para sus transnacionales para sus proyectos destructores o la educación puede ser para ser mejores seres humanos?” Se pregunta el roquero y activista mexicano quien, a pesar de que fue invitado a esta primera edición de la escuelita, asistirá a la segunda edición.

A las 3 de la tarde, después de horas bajo un intenso Sol, empezaron a desfilar las primeras camionetas de redilas y combis dirección a La Realidad, municipio de Las Margaritas, uno de los Caracoles más alejados de San Cristóbal de Las Casas. En la fila nos encontramos con Luiz Antônio Guerra que viene de Goiás, Brasil y participa del Movimento Passe Livre “vengo a aprender sobre Libertad y la sabiduría de los compañeros Zapatistas”, comenta.

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Los Comandantes Tacho y David coordinan la salida de los alumnos de la Escuelita Zapatista hacia los Caracoles. Foto: Moysés Zúniga Santiago.

“¿A La Realidad, van?. Aquí puede dejar las mochilas. Agarren en las manos lo que van a tomar en el camino, comenta el comandante David con un radio en la mano. “Mochilas aquí, alumnos allá” indica una comandanta que sigue organizando sin parar junto con Tacho y David para que la salida sea fluida y organizada.

El resto de alumnos y alumnas esperan pacientes sentados en el jardín del CIDECI a que les llamen para partir mientras tocan guitarra y cantan canciones alegres. Empieza la convivencia de lo que tal vez, en los próximos días plante la semilla de una posible red de redes de movimientos tan necesaria en el contexto del México y del mundo actual desgarrado por el dolor y el olvido pero lleno de esperanza con nuevos movimientos estudiantiles, de medios independientes, en defensa del territorio y de otras resistencias rurales y urbanas que entienden la construcción de autonomía como una vía de lucha para construir un mundo en donde quepan muchos mundos posibles.

Mientras tanto, los fotógrafos de los medios comerciales, a los que no les fue permitido tomar fotos durante las fiestas del 10º aniversario en los Caracoles, pululaban contentos compensando su deseo de captar imágenes de compañeros y compañeras zapatistas encapuchados e intentaban identificar los comandantes y comandantas bajo su pasamontañas negro. Al mismo tiempo, algunos reporteros y reporteras de medios comerciales nacionales y de agencias internacionales les hacían preguntas que nunca serían contestadas y que sólo desviaban su atención de la tarea que les fue encomendada: organizar la salida a la Escuelita.

El comandante Tacho resuelve las dudas logísticas de los alumnos de la Escuelita. Foto: Moysés Zúñiga Santiago

El comandante Tacho resuelve las dudas logísticas de los alumnos de la Escuelita.
Foto: Moysés Zúñiga Santiago

Recordamos con un grupo de cinco alumnos que esperan su turno para salir, las palabras del Subcomandante Moisés en el comunicado del 17 de marzo de 2013 en donde anunció los primeros detalles de la escuela zapatista:¿Asistiría usted a una escuelita en la que las profesoras y los profesores son indígenas cuya lengua materna está tipificada como “dialecto”?

¿Se aguantaría las ganas de estudiarl@s como objeto de la antropología, la psicología, el derecho, el esoterismo, la historiografía, de hacer un reportaje, de hacerles una entrevista, de decirles su opinión, de darles consejos, órdenes?

¿L@s miraría, es decir, l@s escucharía?

Al menos, estos 10 alumnos están dispuestos a escuchar, a aprender y a vivir la experiencia sin la necesidad de tomar fotos ni hacer entrevistas. Se lo preguntaremos en 5 días, el 16 de agosto, cuando regresen de la primera edición de una Escuelita que ya tiene varias ediciones programadas debido a la alta demanda. La próxima, entre el 3 y el 7 de enero de 2014, justo después la celebración de los 20 años del levantamiento zapatista.

A las 9 de la noche salían los últimos grupos de estudiantes rumbo a su Caracol con sus cuadernos de texto de primer grado del curso “La libertad según los Zapatistas” y dos discos compactos. Pero para esta primera edición, también habrá videoescuelita con retransmisiones en directo a las 14h y a las 21h para quienes se hayan registrado a través del e-mail video@ezln.org.mx. En varios lugares del mundo colectivos que no pudieron llegar físicamente a México ya están organizando su Escuelita virtual que empieza hoy a las 2 de la tarde.

El pueblo de la memoria I

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Él 75, ella 73. Él, viudo, ella, abandonada en la soledad de su hogar por un esposo adicto al alcohol, decidieron juntar sus vidas y convivir como marido y mujer y hacerse compañía hasta el fin de sus días.

Al interior de la cocina, la luz entra de manera sinuosa entre las paredes improvisadas de lámina de zinc y se entrelaza con el humo de las brasas. El fuego insiste en tostar los granos de café que reposan impacientes sobre el comal mientras ambos mantienen una cotidiana conversación en maya kaqchikel. Entretanto él limpia cuidadosamente un cuchillo con un olote que hace la función de un estropajo de lavar, para cortar panela y endulzar el atole.

De repente él comenta en español “sabe, fue después del conflicto que llegaron las botellas grandes de refrescos”. En ese momento, empezamos un debate sobre lo que comemos y bebemos y “lo distinto que era antes”. Saboreando frijoles con tomate y huevo ella me mira, con los ojos bien abiertos y pronuncia dos veces la misma palabra en kaqchikel -“Kawa! Kawa!”- mientras con el gesto de sus manos me indica que coma. Dejo de hablar y me concentro en saborear el plato entre el olor del café tostado y la intensa ceniza.

Ese día, después del desayuno, María Concepción conocería por primera vez el rostro de María Dominga, quien fue esposa de Don Marcial, su compañero de vida desde hace poco menos de un año.

Un álbum de fotos encima de una mesa, al exterior de su humilde casa en el cerro de Pacoj, en San Martín Jilotepeque, en el departamento de Chimaltenango, le rebela la sonrisa de la mujer con quién Don Marcial compartió 51 años y 33 días de su vida.

Pronuncia palabras en kaqchikel y su rostro destella admiración respeto y a la vez sorpresa. Veía por primera vez a la mujer que murió de tristeza al lado de Don Marcial en la casa que ella habita.

“Salgan porque el ejercito está quemando casas y matando a gente. Le dije a mi esposa que saliéramos y ella no quiso porque “no debe nada”, dijo. Se quedó con mis 3 hijos, un patojo de 14 años, un varón de 11 años y una mujercita de 9 años. Quince personas fueron asesinadas ahí en el granero donde usted descansó. Mi finada esposa sobrevivió. Le tocaron 2 disparos. Le colgaba un pellejo del brazo, que le quedó inútil de por vida. Nuestra vecina, que estaba tortilleando, murió con la bola de la masa de maíz fresco en la mano”.

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