“La violencia es como una tela de araña, no deja de tejerse”

Rebelión / [Reporting On Resistances]

Marta Molina.- San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

Las mujeres mayas de Chiapas luchan cada día en contra de la violencia en sus comunidades y en sus casas. Como una tela de araña entreteje los distintos ámbitos de sus vidas, desde lo más íntimo en el hogar, pasando por la salud, la tierra, la educación o la comida. Para muchas, el simple hecho de salir de sus casas puede llegar a ser un riesgo para su integridad física.

Hoy, día Internacional de la no violencia contra las mujeres, las representantes de  la Madre Tierra de los pueblos mayas de Chilón, Xitalha’, Ocosingo, Yajalón, Cancuc, Oxchuc, Tenejapa, Huixtán, Tila y Tumbala salieron desde temprano a marchar a la ciudad de San Cristóbal de Las Casas para hacer memoria y condenar el olvido de las víctimas de feminicidio. Contaron sus historias de violencia y agresiones hacia su dignidad como mujeres, indígenas y campesinas.

Resonó en la plaza de la Resistencia el nombre de Ernestina Asensio, mujer indígena violada y asesinada por militares entre otros miles de nombres de mujeres víctimas de feminicidio o desaparecidas. Se denunció el alto índice de violencia política mencionando los asesinatos de lideresas, activistas, periodistas y defensoras de derechos humanos como Josefina Reyes, Bety Cariño, Marisela Escobedo, Regina Martínez y Digna Ochoa así como la detención arbitraria e ilegal de Nestora Salgado, coordinadora de la policía comunitaria en Olinalá -estado de Guerrero-.

Hablamos con Micaela Bautista, procedente de San Andrés Puerto Rico municipio de Huixtán, quien comenta que “la violencia es como una tela de araña, no deja de tejerse y reproducirse entre los hombres de la familia y la hay de muchas formas, también la violencia hacia nuestro cuerpo, hacia nuestras tierras, de las que nos están despojando y de nuestros alimentos. Es muy triste. Me da mucho coraje ver que siempre hay violencia, en todas partes y más por causa del alcoholismo y las drogas en nuestras comunidades”. Micaela señala al gobierno como cómplice de todo esto “porque le va bien que todos estén adictos para desorganizarnos y confrontarnos” y se entristece cuando cuenta las historias de sus vecinas que, “se enamoran, en 2, 3 días y ya son esposas, estrenan sus cuerpos, se embarazan y luego, son abandonadas otras golpeadas, y luego los jóvenes repiten este comportamiento”.

Herminia López Zúñiga, de la comunidad de Santa Anita, del municipio de  Venustiano Carranza, no sabe leer ni escribir, pero desde hace 12 años está organizando a su comunidad para parar la violencia en contra de las mujeres. Comenta que la discriminación hacia las mujeres en las comunidades indígenas es aún peor y que “a muchas les cuesta denunciar abusos, les da temor su esposo”. También señala al gobierno como responsable de no resolver los feminicidios que hay en los pueblos. “Hace 12 años, en las comunidades veíamos que las niñas se iban al mercado y ya no regresaban o las encontrábamos en pedacitos en las calles o en un terreno baldío. Era muy doloroso. Empezamos a luchar y a buscar aliadas en organizaciones de derechos humanos”. Ahora, son unas 60 mujeres de municipios cercanos al suyo que se reúnen periódicamente para informarse y formarse como luchadoras contra la violencia de género. “La mayoría de mujeres hablan tseltal o tsotsil y no saben leer ni escribir pero son defensoras de sus derechos”, comenta. Junto con ellas organizan talleres sobre violencia de género y de capacitación como defensoras de derechos humanos.

Herminia comenta que algunos hombres se unen a la lucha pero que les cuesta “ellos piensan que si nos organizamos ya no van a poder mandar. Les explicamos pero es muy lento con ellos. A veces hasta a las mismas mujeres les cuesta aceptar que es necesario que nos organicemos”. También nos habla de la cantidad de mujeres que llegan a Chiapas y son obligadas a prostituirse. “Son explotadas sexualmente y obligadas a vender su cuerpo y el que gana dinero es el que las obliga”. Al final de la plática asegura que “lo que nos queda es hacer nuestra propia justicia pues ¿si el gobierno no nos la da? ¿Qué hacemos?”.

Hasta mediodía continuamos escuchando historias de mujeres que se quedan solas en sus casas por la migración de sus maridos e hijos, mujeres asesinadas por los maltratos de su esposo, de su novio, repetidas denuncias de los feminicidios que quedan impunes, y la violencia relacionada con el despojo de tierras a las mujeres campesinas. “Las tierras son nuestras y el gobierno y las empresas transnacionales quieren arrebatárnoslas. Exigimos justicia y respeto a nuestra dignidad. No queremos violencia. Muchas no sabemos hablar ni escribir y por eso el gobierno discrimina. Ahora defendemos madre tierra como debemos cuidarla como campesinas y trabajadoras”, declama un grupo de mujeres que se acerca a conversar mientras en el templete de la plaza de la resistencia siguen las denuncias y las demandas a las autoridades municipales estatales y federales.

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2 Respuestas a ““La violencia es como una tela de araña, no deja de tejerse”

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