Archivo mensual: agosto 2014

[Retales de Memoria] Esperando el regreso con Tangu Yuh

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Retales de memoria

Texto: Marta Molina / Fotos: Alessandro Bo / Versão em português (abaixo): Alessandro Atanes

A Minerva Vera Alvarado

Una tanguyú reposa sobre la mesa del comedor de la casa de Tere. La tiene allí porque, dice, le recuerda sus raíces, sus orígenes, de dónde viene y también a Minerva, la más pequeña de sus hermanas.

Tanguyú es el nombre indígena zapoteco de una figura de barro que representa a la mujer istmeña (procedente del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca). También simboliza a la diosa Tangu Yuh que, según cuentan los zapotecos, un día apareció en este pueblo oaxaqueño. Desde entonces, cada víspera de fin de año, desean su regreso.

Con una tanguyú jugaban de pequeñas Tere y sus hermanas. Ahora, con ella, están a la espera de que un día vuelva Minerva y les diga a dónde se fue.

Un sábado de hace ocho años Minerva salió a cortarse el pelo y no regresó. Eran las nueve de la mañana del el 29 de abril del 2006 en la ciudad de Matías Romero Avendaño, del Estado de Oaxaca. Tenía 55 años.

“Como se tardaba, su niña y un sobrino salieron a buscarla a la estética donde acostumbraba a ir y les dijeron que no había llegado. Fueron a otras estéticas, y nada. Desde ese día no  hay ninguna pista de ella”, comenta Tere mientras nos muestra fotografías de Minerva y sus otras hermanas en las fiestas regionales de Oaxaca vestidas con los trajes típicos del Itsmo de Tehuantepec.

Desde la desaparición de Minerva, Tere asumió la responsabilidad de buscar a su hermana, hasta encontrarla. En 2011 se integró al Movimiento por la Por la Paz con Justicia y Dignidad cuando el poeta Javier Sicilia convocó a las víctimas de México. “Fui con ellos a la caravana que se hizo desde México a los Estados Unidos y desde entonces he estado pidiendo justicia, memoria y paz”.

La desaparición de Minerva cambió la vida de Tere. Dejó de trabajar para concentrarse en la búsqueda de su hermana y se dedica a coser ropa desde casa para ganar algunos pesos. Su familia vive en una constante angustia, desesperación e impotencia. “Me doy cuenta de que las autoridades son pasivas y que no hacen mucho por buscar a nuestros desaparecidos”. Pero ella sí. Como tantos otros familiares de víctimas en México su vida gira entorno a la desaparición de Minerva. Dejó su trabajo, salió a las calles mostrando la foto de su hermana, y decidió empezar a familiarizarse con el sistema legal mexicano y con las leyes. En este sentido está sumamente orgullosa del trabajo que han hecho ella y otras víctimas participando en la creación de la Ley General de Víctimas.

“Participé en los conversatorios con los abogados y juristas para dar ideas y con el aporte de las víctimas fue como surgió. Esta Ley nos reconoce el derecho de participar en políticas públicas, en el marco del proceso penal y a ser escuchadas. También garantiza nuestra seguridad como víctimas y de esta manera podemos exigir a las autoridades el acceso a la verdad y a la justicia y a la reparación integral”. Para Tere, la creación de esta Ley es una victoria de las víctimas organizadas en México para pedir a las autoridades rendición de cuentas, transparencia e información y darle seguimiento a los casos de desapariciones o asesinatos. Ahora bien, que la Ley exista no es suficiente, pues “sólo se cumplirá mediante el trabajo de una sociedad civil activa y organizada que participe y presione a las autoridades para dar cumplimiento a lo que las víctimas tenemos derecho”, comenta.

Tere insiste en que va a llegar el día en que Minerva entre por la puerta y rompa la eterna espera de tanguyú. Mientras tanto sigue cosiendo. Y al hacerlo, dice, “es como si estuviera hilvanando mi historia de vida junto con la de mi hermana Minerva. También siento que de esta manera el tiempo pasa más rápido y me ayuda a no pensar  tanto en el dolor de la ausencia de mi hermana, a la que extraño mucho y deseo volver a ver pronto.”

Mientras los habitantes del pueblo de Tehuantepec esperan que una víspera de año nuevo vuelva a aparecer la diosa Tangu Yuh vestida de zapoteca, Tere sigue cosiendo al lado de la figura de barro, esperando, hasta que llegue un día como el de esa víspera de año nuevo.

Galería de fotos en Retales de Memoria

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Esperando o regresso com Tangu Yuh

Texto: Marta Molina / Fotos: Alessandro Bo / Tradução: Alessandro Atanes

Para Minerva Vera Alvorado

Uma tanguyú repousa sobre a mesa da sala de jantar da casa de Tere. Está ali porque, diz, a faz lembrar de suas raízes, de onde vem e também de Minerva, a mais nova de suas irmãs.

Tanguyú é o nome indígena zapoteco de uma figura de barro que representa a mulher istmenha (procedente do Istmo de Tehuantepec, Oaxaca). Simboliza também a deusa Tang Yuh, que, como contam os zapotecos, apareceu um dia neste povoado de Oaxaca. Desde ali, a cada véspera de ano novo, desejam seu retorno.

Quando crianças, Tere e suas irmãs brincavam com uma tanguyú. Agora, com ela, estão à espera de que um dia Minerva volte e lhes diga para onde se foi.

Em um sábado há oito anos Minerva saiu para cortar o cabelo e não voltou. Eram nove da manhã de 29 de abril de 2006 na cidade de Matías Romero, do Estado de Oaxaca. Tinha 55 anos.

“Como ficava tarde, sua filha e um sobrinho foram procurá-la no salão onde costumava ir e lhes disseram que ela nunca havia chegado ali. Foram em outros salões, e nada. Desde esse dia não há pista alguma dela”, comenta Tere enquanto mostra fotografias de Minerva e suas outras irmãs nas festas regionais de Oaxaca vestidas com os trajes típicos do Istmo de Tehuantepec.

Desde o desaparecimento de Minerva, Tere assumiu a responsabilidade de procurar sua irmã, até encontrá-la. Em 2011 integrou-se ao Movimento pela Paz com Justiça e Dignidade, quando o poeta Javier Sicilia fez uma convocação de vítimas. “Fui com eles à caravana que foi feita do México até os Estados Unidos e desde então estive pedindo justiça, memória e paz”.

O desaparecimento de Minerva mudou a vida de Tere. Deixou de trabalhar para se concentrar na procura de sua irmã e se dedica a costurar roupas em casa para ganhar alguns pesos. Sua família vive em angústia, desespero e impotência constantes. “Percebo que as autoridades são passivas e que não fazem muito para procurar nossos desaparecidos”. Mas ela sim. Como tantos outros familiares de vítimas no México, sua vida gira em torno do desaparecimento de Minerva. Deixou seu trabalho, foi para as ruas mostrando a foto de sua irmã e decidiu começar a se familiarizar com o sistema legal mexicano e com as leis. Neste sentido, está totalmente orgulhosa do trabalho que ela e outras vítimas tiveram participando da criação da Lei Geral de Vítimas.

“Participei nas interlocuções com advogados e juristas para dar ideias e tudo surgoi com a contribuição das vítimas. Estalei nos reconhece o direito de participar em políticas públicas, no marco do processo penal, e a sermos ouvidas. Também garante nossa segurança como vítimas e desta maneira podemos exigir das autoridades o acesso à verdade e à justiça e à reparação integral”. Para Tere, a criação desta lei é uma vitória das vítimas organizadas no México para pedir às autoridades prestação de contas, transparência e informação e a dar seguimento aos casos de desaparecimentos ou assassinatos. Bem, haver uma lei não é suficiente, pois “só será cumprida mediante o trabalho de uma sociedade civil ativa e organizada que participe e pressione as autoridades para dar cumprimento ao que as vítimas temos direito”, comenta.

Tere insiste em que vai chegar o dia em que Minerva entrará pela porta e acabe com a eterna espera de tanguyú. Enquanto isso, segue costurando. E ao fazê-lo, diz, “é como se estivesse alinhavando minha história de vida junto com a de minha irmã Minerva. Sinto também que desta maneira o tempo passa mais rápido e me ajuda a não pensar na dor da ausência de minha irmã, de quem sinto muito falta e quem desejo voltar logo a ver”.

Enquanto os habitantes do povoado de Tehuantepec esperam que a deusa Tang Yuh volte a aparecer em uma véspera de ano novo vestida de zapoteca, Tere segue costurando ao lado da figura de barro, esperando até que chegue um dia como o dessa véspera de ano novo.

Postagem original em:
http://retalesdememoria.wordpress.com/2014/08/28/esperando-el-regreso-con-tangu-yuh/

 

[México] El EZLN insta a los medios libres a luchar por la comunicación junto a los pueblos

Medios Libres en La Realidad, Chiapas, 10 Agosto 2014

En el Caracol de La Realidad (Chiapas). Una maniobra de distracción y los subcomandantes Galeano y Moisés, y el comandante Tacho sentados en la parte opuesta al templete donde toda la prensa esperaba. La rueda de prensa, que el EZLN había anunciado que debía a los medios libres desde el pasado mayo, inicia con la voz del Subcomandante Insurgente Galeano agradeciendo la campaña de solidaridad internacional y nacional de los adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

La rueda de prensa, matizada con saltos irónicos y un vasto conocimiento del mundo de los medios de comunicación contemporáneos, señaló por parte del EZLN la tendencia de los grandes medios “de paga” hacia el abismo. “Los medios se abrazaron a los políticos en decadencia, ellos mismos están en decadencia”. Habló primero el Sup.Galeano, quien delineó el vacío ante la ultravelocidad y el abigarrado mundo actual de la información, ese vacío – creen los zapatistas en su forma “de ver lo que aún no se ve”- tiene un culpable directo: no son los medios libres, no son los zapatistas, es el capitalismo. Así lo anunció el rostro del ya finado Sub.Marcos ahora Sub.Galeano, que dijo hablar ahora como gato-perro, ambivalente.

Frente a este vacío en disputa, los medios libres, autónomos o como se diga tienen la oportunidad de atraer la infomación a su comunicación en lucha, sin distancia entre los colectivos y pueblos, volviendo el centro de la comunicación a la información. Volver a reflejar como un espejo su forma de ser colectivo, y comunicar lo que está oculto, el anonimato, y no necesariamente construir personajes como hacen los mass media volcados cada vez más en ofrecer espectáculo. El subcomandante Moisés valoraba la nueva propuesta zapatista a la sombra de la experiencia compartida con las bases de los pueblos indígenas pertenecientes al Congreso Nacional Indígena (CNI). Recordó el vocero del EZLN que “los medios libres peden servir para que los pueblos, actores de las luchas, digan su propia palabra”. Y comentó que ahora urge “ que nos encontremos y seamos uno solo, unirnos sin pedirnos dejar lo que somos, compañer@s de la ciudad o del campo, lo importante es la compartición, enlazarnos”.

El Sup.Galeano, en su primera aparición pública tras el homenaje a José Luis Solís López del pasado mayo, se instó a los medios de comunicación a organizarse, a compartir e insistir en las luchas, “no queremos militantes de la comunicación zapatista, queremos escuchas tomando en cuenta lo importante que es una noticia y la información”. La escucha es, como recordó Moisés, una parte difícil de la comunicación en la que las bases de los pueblos indígenas son maestras.

La tarea de los medios libres es crecer, continuar aquello que los llevó a trabajar en colectivo, ponerse “ahora buscar la forma de que ese medio no se caiga, se mantenga… o crecen o van a desaparecer” sentenció el Sub.Galeano. Instó también a preguntarse por soluciones frente al desmoronamiento capitalista de los medios sumidos en la tendencia en que “la no producción se ha convertido en mercancía, donde también el silencio se vende”. A buscarle, por otra parte, “la supervivencia como medios, pero también como personas”. A enlazar la comunicación con la vida, a continuar como escucha para entender el dolor que se comparte en las luchas frente al despojo a “continuar con la rebeldía, porque no es sólo cosa de jóvenes”.

 

[México] La sonrisa de Joaquín, la paz de Tere

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Marta Molina. Barcelona, 7 de agosto de 2014

Conocí a Tere el 4 de Junio de 2011 en Cuernavaca, Morelos (México). Ese día partíamos hacia Ciudad Juárez en la “Caravana del Consuelo” organizada por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Miles de víctimas de la guerra contra las drogas se disponían a atravesar el país pasando por las ciudades más violentas y convocando a todos aquellos familiares con hijos desaparecidos, secuestrados, maridos asesinados, esposas o hijas perdidas por culpa de la “guerra contra el narco”.

¿De dónde debe venir esa mujer pequeñita, delgada, de más de 50 años, de piel blanca, vestida con ropa de lino blanca, con el pelo corto, también blanco y los ojos azules? No parece mexicana, pensé. Me acerqué a ella y me di cuenta que sostenía un estandarte de bambú con la foto de un joven con una sonrisa preciosa. En la mano, unas margaritas blancas.

– ¿De dónde viene?, le pregunté.

– De Quintana Roo.

– ¿De tan lejos?

– Sí, de la península de Yucatán. ¿Has ido alguna vez?

– No, -le dije.

– Pero quién sabe, tal vez algún día…

Nos reímos y le confesé que cuando la vi, pensé que no era mexicana. “Siempre se piensan que soy gringa pero nací en el Distrito Federal (DF) aunque me fui a vivir a Cancún hace muchos años. Allí nació Joaquín, el de la foto, el de la sonrisa linda, mi hijo. Lo mataron el año pasado en su departamento en el DF”.

Tragué saliva y le di un abrazo.

La Caravana ya arrancaba. Ella se subió al camión número uno, el de las víctimas, la avanzadilla de 17 camiones más que viajaban hacia Ciudad Juárez (Chihuahua) en esta ruta del dolor. Ese día Teresa empezó a contar quién era Joaquín a los que nunca lo conocimos en persona para que hoy, algunos, tengamos el privilegio de que sea nuestro hermano pero sobre todo para que no nos cansemos de luchar por la justicia, la paz y la dignidad.

Hoy, 7 de agosto de 2014, se cumplen cuatro años de la muerte de Joaquín. Tenía 21 cuando lo asesinaron brutalmente en su apartamento. Se acababa de trasladar al DF para estudiar arquitectura en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) dejando a su mamá, sus dos hermanos menores, Diego y Fabián, el mar de Cancún, el surf y las olas que tanto le gustaban. Escuchaba John Lennon, Bob Dylan y Sublime y le encantaban las películas de Tarantino. Quería ser arquitecto y construirle una casa a su madre.

Tere es una mujer luchadora, incansable, resistente. Recuerdo cuando, juntas, encontramos por casualidad un dibujo y un texto de Joaquín escondido dentro de un libro en la cabaña de una amiga suya en una playa de Quintana Roo. Debía tener no más de 15 años cuando lo hizo. En ese instante Tere respiraba paz y tranquilidad y empezó a hablar de su hijo con una sonrisa serena.

Aprendí de Tere sobre la necesidad de perder el miedo para luchar por la paz en un país en guerra. “La noviolencia tiene que empezar encontrándola dentro de nosotros mismos”, me decía cuando insistía en la necesidad de organizarnos como movimiento por la paz. “Luego viene la acción y también la resistencia civil, Marta. Tenemos que empoderarnos y claro, usar la imaginación y la creatividad”.

Conocimos juntas a Manuelito, de Las Abejas de Acteal en Chiapas, quien ya no está entre nosotros. Aprendí con ella sobre la lucha noviolenta de los indígenas mayas tsotsiles de Los Altos de Chenalhó que sufrieron una masacre por parte de un grupo paramilitar en 1997. Desde entonces, cada 21 de diciembre Tere va a visitarlos y se une a las jornadas de ayuno y oración. Allí donde descansan los restos de los 45 muertos descansa también la foto de Joaquín, la que llevaba cuando la conocí, hace tres años, en Cuernavaca.

Tere fue alumna de la Escuelita Zapatista el año pasado y aprendió todavía más sobre organización metiéndose en las entrañas de la Selva Lacandona chiapaneca escuchando y conviviendo con las bases de apoyo. Marchas por la paz en México, talleres de organización noviolenta, caravanas al norte y al sur del país fueron sus primeros pasos como organizadora.

Joaquín, estaría orgulloso de su madre quien nunca dejó de luchar por la paz desde el dolor del asesinato de su hijo. Caminó todo México y parte de los Estados Unidos pidiendo justicia y paz para un México desgarrado junto a otras madres que, como ella, habían perdido a sus hijos en una guerra que intenta esconderse desde el gobierno pero que sus muertos le ponen nombre.

Hoy abrazo a Tere, y lo hago encendiendo una vela para Joaquín desde Barcelona. Y la pongo en un vaso de mosaico de cristales verde-azulados, del color del mar caribe, un vaso muy especial, hecho con las manos de la Tere artesana y que fue parte del altar de Joaquín. Un vaso que Tere le regaló a mi hermana Judith cuando la conoció hoy hace un año.

Desde aquí te recordamos, Joaquín, sonrisa hermosa, para que se haga justicia para todos los asesinados en México. Hermano, gracias por dejarme conocer a tu mamá. Tere, gracias por seguir luchando.

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“Yo veo esta Caravana como el arrecife que tenemos en Quintana Roo, es un gran organismo, pero es uno solo y hay tiburones ballena y hay corales y hay rayas y depredadores… Pero es un organismo que se ve desde la luna. Entonces, cuando seamos una sociedad civil, cuando nos vean desde la Residencia del presidente en Los Pinos y desde las cámaras y desde los medios y digan “la sociedad civil mexicana es una sociedad que está trabajando por la paz”, entonces, vamos a alcanzar la paz.” Teresa Carmona, Caravana del Consuelo, 2011. Ciudad Juárez. México.