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[México] La sonrisa de Joaquín, la paz de Tere

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Marta Molina. Barcelona, 7 de agosto de 2014

Conocí a Tere el 4 de Junio de 2011 en Cuernavaca, Morelos (México). Ese día partíamos hacia Ciudad Juárez en la “Caravana del Consuelo” organizada por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Miles de víctimas de la guerra contra las drogas se disponían a atravesar el país pasando por las ciudades más violentas y convocando a todos aquellos familiares con hijos desaparecidos, secuestrados, maridos asesinados, esposas o hijas perdidas por culpa de la “guerra contra el narco”.

¿De dónde debe venir esa mujer pequeñita, delgada, de más de 50 años, de piel blanca, vestida con ropa de lino blanca, con el pelo corto, también blanco y los ojos azules? No parece mexicana, pensé. Me acerqué a ella y me di cuenta que sostenía un estandarte de bambú con la foto de un joven con una sonrisa preciosa. En la mano, unas margaritas blancas.

– ¿De dónde viene?, le pregunté.

– De Quintana Roo.

– ¿De tan lejos?

– Sí, de la península de Yucatán. ¿Has ido alguna vez?

– No, -le dije.

– Pero quién sabe, tal vez algún día…

Nos reímos y le confesé que cuando la vi, pensé que no era mexicana. “Siempre se piensan que soy gringa pero nací en el Distrito Federal (DF) aunque me fui a vivir a Cancún hace muchos años. Allí nació Joaquín, el de la foto, el de la sonrisa linda, mi hijo. Lo mataron el año pasado en su departamento en el DF”.

Tragué saliva y le di un abrazo.

La Caravana ya arrancaba. Ella se subió al camión número uno, el de las víctimas, la avanzadilla de 17 camiones más que viajaban hacia Ciudad Juárez (Chihuahua) en esta ruta del dolor. Ese día Teresa empezó a contar quién era Joaquín a los que nunca lo conocimos en persona para que hoy, algunos, tengamos el privilegio de que sea nuestro hermano pero sobre todo para que no nos cansemos de luchar por la justicia, la paz y la dignidad.

Hoy, 7 de agosto de 2014, se cumplen cuatro años de la muerte de Joaquín. Tenía 21 cuando lo asesinaron brutalmente en su apartamento. Se acababa de trasladar al DF para estudiar arquitectura en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) dejando a su mamá, sus dos hermanos menores, Diego y Fabián, el mar de Cancún, el surf y las olas que tanto le gustaban. Escuchaba John Lennon, Bob Dylan y Sublime y le encantaban las películas de Tarantino. Quería ser arquitecto y construirle una casa a su madre.

Tere es una mujer luchadora, incansable, resistente. Recuerdo cuando, juntas, encontramos por casualidad un dibujo y un texto de Joaquín escondido dentro de un libro en la cabaña de una amiga suya en una playa de Quintana Roo. Debía tener no más de 15 años cuando lo hizo. En ese instante Tere respiraba paz y tranquilidad y empezó a hablar de su hijo con una sonrisa serena.

Aprendí de Tere sobre la necesidad de perder el miedo para luchar por la paz en un país en guerra. “La noviolencia tiene que empezar encontrándola dentro de nosotros mismos”, me decía cuando insistía en la necesidad de organizarnos como movimiento por la paz. “Luego viene la acción y también la resistencia civil, Marta. Tenemos que empoderarnos y claro, usar la imaginación y la creatividad”.

Conocimos juntas a Manuelito, de Las Abejas de Acteal en Chiapas, quien ya no está entre nosotros. Aprendí con ella sobre la lucha noviolenta de los indígenas mayas tsotsiles de Los Altos de Chenalhó que sufrieron una masacre por parte de un grupo paramilitar en 1997. Desde entonces, cada 21 de diciembre Tere va a visitarlos y se une a las jornadas de ayuno y oración. Allí donde descansan los restos de los 45 muertos descansa también la foto de Joaquín, la que llevaba cuando la conocí, hace tres años, en Cuernavaca.

Tere fue alumna de la Escuelita Zapatista el año pasado y aprendió todavía más sobre organización metiéndose en las entrañas de la Selva Lacandona chiapaneca escuchando y conviviendo con las bases de apoyo. Marchas por la paz en México, talleres de organización noviolenta, caravanas al norte y al sur del país fueron sus primeros pasos como organizadora.

Joaquín, estaría orgulloso de su madre quien nunca dejó de luchar por la paz desde el dolor del asesinato de su hijo. Caminó todo México y parte de los Estados Unidos pidiendo justicia y paz para un México desgarrado junto a otras madres que, como ella, habían perdido a sus hijos en una guerra que intenta esconderse desde el gobierno pero que sus muertos le ponen nombre.

Hoy abrazo a Tere, y lo hago encendiendo una vela para Joaquín desde Barcelona. Y la pongo en un vaso de mosaico de cristales verde-azulados, del color del mar caribe, un vaso muy especial, hecho con las manos de la Tere artesana y que fue parte del altar de Joaquín. Un vaso que Tere le regaló a mi hermana Judith cuando la conoció hoy hace un año.

Desde aquí te recordamos, Joaquín, sonrisa hermosa, para que se haga justicia para todos los asesinados en México. Hermano, gracias por dejarme conocer a tu mamá. Tere, gracias por seguir luchando.

***

“Yo veo esta Caravana como el arrecife que tenemos en Quintana Roo, es un gran organismo, pero es uno solo y hay tiburones ballena y hay corales y hay rayas y depredadores… Pero es un organismo que se ve desde la luna. Entonces, cuando seamos una sociedad civil, cuando nos vean desde la Residencia del presidente en Los Pinos y desde las cámaras y desde los medios y digan “la sociedad civil mexicana es una sociedad que está trabajando por la paz”, entonces, vamos a alcanzar la paz.” Teresa Carmona, Caravana del Consuelo, 2011. Ciudad Juárez. México.

 

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Gritos de Libertad por Patishtán

 

Marta Molina.- San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

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Foto: Moysés Zúñiga Santiago

Desde el interior del penal número 5 de San Cristóbal de las Casas, Chiapas los presos pudieron oír hoy los gritos de “libertad” y “justicia” entonados por centenares de indígenas de El Bosque y voces solidarias a favor de la liberación de Alberto Patishtán Gómez a 13 años de su encarcelamiento.

Mientras tanto, afuera, indígenas tzotziles de El Bosque, miembros de Las Abejas de Acteal e integrantes de El Pueblo Creyente se congregaron desde la mañana para realizar una misa católica en la entrada del CERESS -Centro Estatal para la Reinserción Social de Sentenciados- y rezar por la liberación del profesor tzotzil condenado a 60 años por un crimen que no cometió.

A la intemperie y en frente de una sencilla mesa improvisada en donde descansaba una tosca Biblia, dos recipientes con ostias sagradas y dos botellas de agua bendita el párroco de Simojovel, Marcelo Pérez dio inicio a la eucaristía: “No ser solidarios es ser cómplices de estas injusticias de los gobiernos injustos”, dijo.

Durante la misa, de alto contenido político y reivindicativo, se insistió en que la negación de la libertad de Alberto Patishtán es también la expresión de que los pueblos indígenas están todos encarcelados: “Es un mensaje del estado, quien tiene en sus manos las leyes para encarcelar a inocentes y liberar a asesinos como los autores materiales de la Masacre de Acteal”, señaló el párroco de Simojovel quién imploró la libertad de Patishtán y los pueblos indígenas “en nombre de Dios”.

Después del culto, celebrado en tzotzil y en español y durante el cual se entonaron cantos religiosos al unísono, los presentes marcharon alrededor de los muros de la cárcel encabezados por el padre Magdaleno Sánchez Ruiz, Párroco de El Bosque, quien portaba un estandarte de la Virgen de Guadalupe.

A pesar de las condiciones de dejadez en las que se encuentra el terreno contiguo a los muros del penal lograron dar la vuelta completa en una especie de abrazo colectivo de apoyo al profesor tzotzil y a sus compañeros presos injustamente.

“Hacemos como los peregrinos que dieron vueltas a Jericó para destruir a su enemigo”, comenta el padre Marcelo Pérez durante la marcha. “Nuestro caminar es una ofrenda a Dios y un apoyo solidario a Patishtán”, añadió.

Los integrantes de El Movimiento del Pueblo de El Bosque por la Liberación de Patishtán celebraron hoy 13 años de su necesario surgimiento, motivado por el encarcelamiento del profesor tzotzil y comentaron que no pararán de luchar hasta que su compañero salga libre “porque él es inocente, lo único que hizo fue querer ayudar al pueblo, le fabricaron un delito por querer destituir a un presidente municipal autoritario y corrupto, Manuel Gómez Ruiz”, recuerda Martín Ramírez, profesor y compañero de juventud de Alberto, entre gritos de “justicia, justicia”.

El expediente del Caso de Alberto Patishtán llegó hace dos semanas al Tribunal Colegiado de Chiapas remitido por la Suprema Corte y a día de hoy se sigue esperando que se designe un Magistrado Ponente para que elabore el proyecto. Posterior a eso tendría que ser listado o discutido en un término no mayor de 10 días -como establece el Código Federal de Procedimientos Penales. Sin embargo, los abogados de Patishtán consideran que por la complejidad del Caso el asunto puede demorar hasta agosto -por el período vacacional- aunque no descartan que se de una resolución ajustada al Código y se resuelva en dos semanas.

Leonel Rivero, el actual abogado de Patishtán, acompañó el acto simbólico en frente del CERESS 5 y comentó que, como parte del apoyo internacional a la liberación de Alberto, el día 4 de julio, Baldemar Velázquez -organizador y líder defensor de los derechos de los campesinos en los Estados Unidos, compañero del luchador social Cesar Chávez y discípulo de Martin Luther King- visitará a Alberto Patishtán.

El mismo Profesor habló desde las entrañas de la cárcel a través de una Carta que fue leída de la voz de Román a escasos metros de las rejas del penal. Patishtán externó su agradecimiento a todos los que, el día que cumple 13 años entre rejas, dedicaron su esfuerzo y creatividad a pedir su libertad: “No me arrepiento de haber ayudado a mis hermanos pobres, sino al contrario me siento feliz de haber cumplido un poquito de mi deber y no como una obligación”.

A su vez expresó que con la ayuda de los que le apoyan –como los que apoyaron a Jesús y le ayudaron a cargar la Cruz- se siente con fuerzas “y mi cruz que llevo la siento liviano y sé que llegaré al triunfo en unión de todos ustedes”. Su carta, terminó con un llamado a la esperanza y un grito de “la Verdad nos hará libres”

Al finalizar la marcha, Carmen Gómez Gómez, coordinadora del Movimiento del Pueblo de El Bosque se acercó a las puertas del penal y organizó una comitiva de 10 personas para que entraran a visitar a Patishtán insistiendo en que  pasaran los que aún no le conocen. Compañeras y vecinas del profesor, emocionadas, no dudaron en entrar a visitarle y traspasar los muros del penal para abrazarle en persona y darle la fuerza necesaria mientras sigue la eterna espera que decidirá su libertad.

San Cristobal de Las Casas, Chiapas. 19 de junio de 2013. Carmen Gomez Gomez (derecha), a la entrada del penal donde se encuentra recluido hace 13 anos su sobrino Alberto Patishtan Gomez  Foto: Moyses Zuniga Santiago.

Carmen Gomez Gomez (derecha), a la entrada del penal donde se encuentra recluido hace 13 anos su sobrino Alberto Patishtán Gómez
Foto: Moysés Zúñiga Santiago.

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Palabras de Martín Ramírez López, Coordinador del Movimiento del Pueblo de El Bosque por la Libertad del profesor tzotzil Alberto Patishtán durante la marcha realizada el 19 de junio alrededor del penal en donde lleva 13 años encarcelado injustamente.

El compañero de profesión y de infancia del preso político asegura que no pararán de luchar hasta que su compañero salga libre.

Un memorial digno para las víctimas de la guerra

Reportaje de Marta Molina para Estación Sur en la WDR (Deutsche Welle Westdeutscher Rundfunk-Radio pública alemana) www.funkhauseuropa.de/sendungen/estacion_sur/

El 8 de mayo de 2011 llegó una gran marcha que caminó durante 3 días desde Cuernavaca (Morelos) hacia el zócalo de la Ciudad de México. Fue la marcha más grande en el país que pedía el alto a la guerra y el fin de la violencia. De ahí surgió el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que organizó tres caravanas, una al Norte de México, la otra al Sur y una tercera a Estados Unidos. Durante todo su caminar visibilizaron a las victimas de la guerra contra el narco, a los desaparecidos, a los asesinados y sus familiares y no pararon de pedir justicia. Hoy, dos años después, una de las acciones del aniversario de este movimiento fue ocupar un espacio público de la Ciudad de México, en donde se encuentra la Estela de Luz -considerado un monumento a la corrupción y al mal gobierno- y resignificarlo poniendo placas y pañuelos bordados por los desaparecidos y asesinados en el país. Piden que la Estela se convierta en Estela de Paz.
www.change.org/esteladepaz

Zapatismo urbano en Nueva York, la otra forma de hacer política

PorMarta Molina

Publicado en castellano en Otramérica 

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Escuchar es una de las cualidades básicas de un organizador. Esto es lo que hicieron un grupo de mujeres migrantes mexicanas en diciembre de 2004 en el Este del Harlem –conocido como El Barrio- en Nueva York. Fueron puerta a puerta, edificio por edificio escuchando y entendiendo los problemas de sus nuevos vecinos para luego pensar juntos cómo los podían resolver. Nunca antes habían participado en una lucha social en México y no sabían hablar inglés, pero lo que si sabían era que muchos estaban en su misma situación. Ahora llevan ya 8 años organizándose por una vivienda digna y contra el desplazamiento neoliberal para evitar que les obliguen -como les pasó en su país de origen- a dejar su casa “por culpa de la imposición de la cultura del dinero de los de arriba”.

Así nació el Movimiento por Justicia del Barrio (MJB) que a día de hoy cuenta con 750 integrantes y 72 comités, uno por edificio.  Todos son autónomos y se reúnen periódicamente en el lobby de sus viviendas en donde consultan sobre los problemas que tiene cada vecino y deciden qué estrategias seguir para vivir dignamente.

Los zapatistas son su inspiración, son adherentes a la Sexta declaración de la Selva Lacandona y parte de La Otra Campaña Nueva York. Definen su movimiento como zapatismo urbano y lo ven como “otra manera de hacer política con todos los de abajo, con los que están siendo oprimidos por el capitalismo y maltratados por los malos gobiernos. Sólo así le devolveremos la dignidad a nuestras comunidades”, comenta Juan Haro, organizador del MJB.

 Compartiendo su lucha

Desde México, conseguimos recoger los testimonios de Oscar Flores y Diana Morales, dos migrantes mexicanos. Ahora viven el Este del Harlem y son organizadores del MJB.

“Nos quieren sacar de nuestras viviendas de El Barrio. Nosotros, los más jodidos, estamos cansados vivir en estas condiciones de ventanas rotas, techos cayéndose, goteras en la cocina y el baño, sin calefacción y agua caliente en el invierno. Ellos, los caseros y el gobierno local nos fuerzan a mal vivir hasta que nos desesperan y decidimos mudarnos a otro lugar. Entonces los caseros renuevan sus edificios y rentan los apartamentos a gente rica”, comenta Oscar

“Luchamos para que los montes y las montañas sean de quienes los habitan y los cuidan. Así como las viviendas están para quienes las habitan y las cuidan. Nadie será dueño de más casas de las que pueda habitar”. Este es uno de los lemas del MJB. Lo escuchamos por primera vez en un video-mensaje intitulado “Otro mundo otro camino, otro barrio abajo y a la izquierda” a través del cual oímos  la palabra de resistencia de los vecinos del Este del Harlem en Chiapas (México), en el marco del 3er seminario sobre movimientos anti-sistémicos. Hasta el momento, los integrantes de MJB comparten este video sólo en pequeños espacios de reunión y reflexión y no está disponible en internet.

El mensajero es Juan Haro, uno de los organizadores del MJB. Él es el único de su comunidad que ha podido viajar hasta México porque la mayoría de sus compañeros de El Barrio son migrantes y no tienen los documentos necesarios para hacerlo. A través de él, El Barrio, su lucha, sus estrategias y tácticas se hacen presentes en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

“Siendo migrantes sabemos que el sistema político y económico que nos expulsó de nuestro país de origen es el mismo que ahora busca desplazarnos de nuestras viviendas, pero luchamos contra las corporaciones multinacionales, contra los políticos y “los de arriba” y nos organizamos para que esto no ocurra”, comenta Haro.

Su inspiración: las consultas y los encuentros Zapatistas

“Ellos nos inspiran y nos enseñan cómo organizarnos mejor en nuestro barrio”, comenta Juan Haro en entrevista. Según Haro, para que un día haya justicia y libertad y para vivir dignamente “es necesario construir otro mundo, un mundo donde quepan muchos mundos y para ello lo primordial es escuchar, consultar, encontrarse y crear estrategias efectivas”.

 En 2005, cuando el EZLN (Ejercito Zapatista de Liberación Nacional) hiso pública La Sexta Declaración de la Selva Lacandona,  la compartieron en El Barrio y decidieron pedir formar parte de La Otra Campaña, iniciativa zapatista que busca “escuchar al pueblo mexicano, a los organizados y a los que no lo están, a todos aquellos que desde abajo y a la izquierda busquen cambiar el actual estado de la Sociedad”.

“Como migrantes mexicanos, somos La Sexta para que no más mexicanos se vean forzados a tener que dejar el país para buscar una forma de vida para nuestras familias, y eventualmente los que queremos regresar podamos hacerlo y quedarnos en nuestro lugar de origen con los nuestros.”, comenta Oscar.

También las consultas Zapatistas inspiraron al MJB. A través de una primera consulta y del voto comunitario salen los problemas principales de El Barrio, punto primordial para luego desarrollar sus estrategias. “Practicamos la democracia real, nuestra forma de lucha se basa en la decisión de el pueblo y la comunidad es la que tiene la palabra”, comenta Haro.

De los zapatistas aprendieron a luchar a nivel local, con sus vecinos y en sus comunidades, pero también a ver más allá de su barrio y empezar a realizar una serie de encuentros, inspirados en los Encuentros Intercontinentales por la Humanidad y contra el neoliberalismo organizados por el EZLN.

Los encuentros son fundamentales para lo que los vecinos de El Barrio definen como forma de zapatismo urbano. Lo ven como un momento de intercambio que los zapatistas han diseñado como otra forma de hacer política, abajo y a la izquierda para compartir luchas y aprender. Primero organizaron un encuentro a nivel ciudad de Nueva York y luego a nivel nacional e intercontinental. “Para nosotros es primordial conocer al vecino, a la vecina, unirnos y luchar juntos, tomar decisiones de forma horizontal pero también lo es crear puentes con otras comunidades marginadas de migrantes, mujeres, lesbianas, homosexuales, transexuales, gente de color y crear relaciones con estas organizaciones”, comenta Haro.

Celebran sus encuentros con colectivos que tienen en común la lucha por la justicia, la dignidad y la democracia, y lo hacen en el corazón de El Barrio. Todos participan, desde los más ancianos a los niños, quienes clausuran estos encuentros en un acto simbólico en el que rompen “la piñata neoliberal”.

Ganar para motivar la lucha

Cuando un movimiento social gana una batalla, inevitablemente se gana la confianza de más gente que también quiere ganar. Esto sucedió en el año 2006 en El Barrio, cuando en un intento de desplazamiento de inquilinos pobres de su vivienda el Movimiento obligó a Steve Kessner – multi-millonario y dueño de 47 edificios- a que vendiera sus propiedades y se fuera de El Barrio. Lograron sacarlo del vecindario en lugar de que él sacara a los inquilinos de sus casas. Fue una batalla ganada que duró dos años, una victoria que les mereció un reconocimiento en la ciudad y, tal vez lo más importante, dio ánimos a los integrantes de Movimiento para seguir luchando,  palabras de Haro, “contra el neoliberalismo, cosificado en las corporaciones multinacionales y los caseros capitalistas”

Pero Steven Kessner fue sustituido por una compañía multinacional de Londres, llamada Dawnay, Day Group. Esto detonó el inicio de otra campaña intensa en 2008 contra esta corporación multinacional británica que tenía propiedades en varios continentes y decidieron hacer su primera compra estadounidense en El Barrio. Oscar nos cuenta que enviaron una delegación a cinco países de Europa “porque allá hay grupos y personas que apoyan nuestra lucha”. Finalmente, Dawnay Day, Group se derrumbo y ahora enfrenta un proceso de embargo por no poder pagar la hipoteca de las que eran sus propiedades. “Mientras tanto, las familias que habitamos en estas propiedades estamos listos para seguir luchando por nuestros sueños.”

El MJB no sólo gana batallas si no que gana organizadores. Diana Morales, por ejemplo. Ella es indígena Mixteca y ahora es organizadora en El Barrio. Nació en Tlapa de Comonfort, Guerrero y “por culpa del mal gobierno fui forzada de dejar mi país. Ahora en Nueva York enfrento la discriminación cotidiana por ser una migrante. Por eso decidí unirme a mis vecinos y luchar por la justicia”

Desde que su madre la llamó contándole  que les querían desalojar, dejó México y se unió al movimiento. Su inspiración son los zapatistas. “En la primera reunión escuche a los compas hablar sobre los zapatistas y vi que siguen en pie de lucha y que viven en forma autónoma, sin depender del mal gobierno”

Al principio Diana no creía que pudiera haber migrantes en NY que se atrevieran a salir a las calles a protestar y denunciar a los responsables de los problemas que enfrentan, pero lo hizo, y ahora es una de las voceras de la organización.

“Nunca me imaginé que un día lucharía con mi comunidad, pero ahora lo hago. Luchando unidos es la forma que seremos escuchados y el modo en que cambiaremos al mundo”

 El MJB también realiza campañas solidarias para apoyar las luchas en México. Lo hicieron en 2006 cuando se pronunciaron en contra de la represión en San Salvador Atenco bajo el lema “Todos somos Atenco”. También crearon los llamados “comités de la palabra verdadera”, células organizativas en más de 24 países en el marco de una campaña para sensibilizar sobre la situación de los zapatistas. El pasado año 2012 iniciaron también campañas para la liberación de los presos políticos en Chiapas.

 Seguir escuchándonos. Formar organizadores.

Hoy en día los vecinos de El Barrio siguen luchando contra el desplazamiento, esta es su lucha cotidiana. “Cuando organizas, te das cuenta de que de repente tienes una familia enorme y que si nos tocan a uno nos tocan a todos”, comenta Haro. Justo ahora están en proceso de formar nuevos comités porque hay tres edificios que quieren integrarse al movimiento. El único requisito indispensable para formar parte del MJB es organizar tu edificio.

“La idea es trabajar con ellos para poder aumentar el interés y la pasión de lucha. Eso los motiva. A veces se les hace muy difícil organizar porque nunca lo han hecho, se les hace incómodo tocar la puerta del vecino que no conocen y se preguntan “¿qué van a pensar de mi?.” Entonces son los mismos compas que ya lo han vivido los que van, los acompañan y les ayudan a convertirse en organizadores”.

Le pedimos a Juan Haro que nos cuente qué significaron para la gente de El Barrio las marchas silenciosas del pasado 21 de diciembre y los subsiguientes comunicados zapatistas. “Fue una muestra de dignidad de los compañeros” -comenta- mostraron su capacidad moral y organizativa, de poder hacer. Aún no nos hemos reunido a hablar de ello pero vamos a platicarlo con calma. Los compas de El Barrio los escucharon y están esperando lo que sigue.”

La otra forma de hacer política de la gente de El Barrio nos recuerda la reflexión del viejo Antonio, un viejo sabio recolector de historias y de la experiencia del pueblo, “el tiempo maya hecho hombre”, conocido por los cuentos del Subcomandante Marcos: “Las tres primeras de todas las palabras de todas las lenguas son democracia, libertad, justicia. Los hombres y mujeres verdaderos custodian como herencia esas tres palabras para que no se olviden nunca, las caminen, las luchen, las vivan.”

 Y esto es lo que hacen los organizadores del MJB. Como dicen los zapatistas, caminan, no corren, porque van muy lejos. Caminan preguntando y escuchando, construyendo y organizando en su forma de zapatismo urbano para luchar contra el desplazamiento neoliberal,  por una vivienda digna y por un mundo en donde quepan muchos mundos.