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Veus per la dignitat a Mèxic des de Barcelona #CulturesDeResistència

Aquesta setmana es presenta a Barcelona la Taula per Mèxic, un col·lectiu de persones, mexicans i catalans que denuncien la crisis de drets humans que viu el país. S’organitzen des de Catalunya per visibilitzar les violències a Mèxic, els desapareguts, els assassinats, els desplaçats del seu país que viu una guerra silenciada.

#Podcast [Capítol 7: 16.11.2016] #CulturesDeResistència al Territori Clandestí

Avui al cultures de resistència, doncs, parlarem dels que lluiten contra la violència des de les seves trinxeres: L’activisme, i el periodisme i ho farem amb Arturo Landeros, membre d’aquesta Taula per Mèxic que es presentarà demà i  amb el periodista mexicà Jose Gil Olmos especialitzat en seguir les conseqüències d ela guerra contra el narcotràfic, moviments de víctimes i resistències indígenes.

La guerra contra les drogues declarada al país l’any 2006 per l’aleshores president Felipe Calderón és només part de les violències que viu un país submergit en el dolor de les fosses clandestines, dels desapareguts i dels assassinats.

 Però entre tot aquest dolor hi ha esperança. Joves que s’organitzen de forma noviolenta, com els companys dels 43 estudiants desapareguts a Ayotzinapa, Estat de Guerrero ara fa 2 anys, o com els familiars de les víctimes dels desapareguts i assassinats del Movimiento por la paz con justícia i dignidad, inspirat pel poeta Javier Sicilia a qui l’any 2011 li van assassinar un fill.

Els Indígenes Maies zapatistes al sud del país que van declarar la guerra al govern mexicà l’any 1994 reclamant els seus drets i amb ells tots els pobles indígenes en resistència arreu del país que lluiten per la dignitat o el moviment dels #YoSoy132, estudiants mexicans que van despertar la primavera de l’any 2012. I també, els que no han deixat de denunciar la situació dels immigrants centreamericans que son tractats com una mercaderia més, extorsionats, desapareguts i assassinats en el seu trànsit cap als EEUU per buscar una vida millor.

Molts moviments socials a Mèxic sorgeixen precisament per posar NOM i cognom a les XIFRES altíssimes de desplaçats, desapareguts i assassinats i amb ells, periodistes valents que exerceixen la professió en un context de guerra son les veus de la resistència que volem rescatar avui.

I tenint en compte aquest context de CRISIS DE DRETS HUMANS han començat a Barcelona les Jornades FRONTERA SUD diàlegs Mèxic-Barcelona. Durant tota la setmana hi ha activitats organitzades per persones i col·lectius preocupats per la crisis de drets humans que viu el país. Ahir dimarts, el pare Alejandro Solalinde, ens va parlar de la situació dels immigrants a Mèxic i del periple terrible que han de passar per arribar a tenir una vida millor apuntant també que…  Si ja vivien una situació terrible, què passarà ara amb l’arribada de Donald Trump a la presidència del país veí del nord…

[Retales de memoria: Resiliencia] “Tercera carta a mi hijo”  

Marta Molina (texto) y Alessandro Bo (fotos)

Ciudad de México, 11 de Junio de 2014

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Hace más de cinco años que Toño no ocupa su cuarto, pero está todo intacto. Su ropa en el armario, sus muñecos de jugadores de hockey sobre hielo,  y su colección de coches de metal repartida en tres estanterías encima de su cama. En la pared, una reproducción del cuadro de “El dormitorio en Arlés” de Van Gogh y una enorme bandera de Canadá, país en el que estudió durante un año.

María Guadalupe respira profundo antes de empezar a escribir la tercera carta a su hijo aún a sabiendas de que no podrá enviarla a ningún lugar.

Le tiembla la voz, sus ojos claros se llenan de agua pero no salen lágrimas. Ya no le quedan. A veces habla de Toño en presente, a veces en pasado y a veces usa ambos tiempos verbales seguidos. “Era, es, no sé”, dice.

Resiliencia es la palabra que mejor define a esta mujer de 64 años que desde el 25 de enero de 2009 cuenta los días que hace que su hijo no está con ella.

Toño, a los 32 años empezó a trabajar con ICA Fluor Daniel, filial de Ingenieros Civiles Asociados (ICA), la mayor constructora de México, en Monclova, Coahuila, estado limítrofe con Estados Unidos. “Siempre quiso ser constructor y luchó por trabajar de lo suyo y lo consiguió. Era bueno en lo que hacía. Nos visitaba cada dos meses hasta el 25 de enero de 2009”.

Querido Toño,

Han pasado tantos meses, tantos años, cinco años y casi cinco meses. Se aproxima tu cumpleaños  y esas fechas le marcan a uno. 38 cumplirás.

Estamos bien. Seguimos buscándote. Donde quiera que estés, que estés bien, no te preocupes por nosotros, porque Dios nos ha dado mucha fortaleza. Estamos de pié que es lo importante. Si en algún momento, la adversidad que te tocó vivir, las personas que te hicieron tal adversidad, nos tumbaron, nos derribaron, nos hemos ido levantando poco a poco y estamos en la lucha.

Confiamos en que un día Dios nos va a hacer el milagro de que sepamos de ti, como sea su voluntad. Porque no queremos quedarnos sin saber en donde quedaste, sin saber… qué pasó. Por qué y para qué. Y sobre todo que haya justicia, que las personas malas paguen con cárcel lo que hicieron porque se llevaron a mucha gente inocente que no tenía nada que ver con la delincuencia.

Donde estés que sepas que te seguimos amando y que te recordamos todos los días, que no dejamos de nombrarte y yo en especial le agradezco a Dios haber sido tu mamá, que me haya dado un hijo tan maravilloso. Porque eras el pegado a mí.

Qué lástima que te gocé tan poco tiempo pero todos los “te quiero”, todos los abrazos que nos pudimos dar, nos los dimos. Es una de las cosas que me ayudan a sobrevivir.

No se si ya lo presentías pero cuando te fuiste a trabajar a Coahuila cada llamada era un “te quiero mucho mami, no lo olvides, te quiero mucho”. Que sepas que esto me ayuda a seguir sobreviviendo porque siempre nos dimos ese cariño.

Hijo mío donde quiera que estés no te olvides de nosotros y con interdicción de Dios cuídanos y protégenos y que logremos el objetivo que es encontrarte. Como sea pero encontrarte.

Al salir del cuarto, a la derecha, hay un pequeño altar en el que María Guadalupe se hincaba a rezar cada día a las seis de la tarde, la hora en que su hijo desapareció, hasta que se lastimó las rodillas. Hay una foto familiar en la que está Toño, su hermana y sus papás, los cuatro sonrientes en lo que parece la escena de un cumpleaños a juzgar por el pedazo de pastel que se cuela en la parte inferior del marco. Una vela, apagada, varios santos y una gran estampa de la Virgen de Guadalupe. “Me la regaló una amiga”, dice la mamá de Toño. “Ella tenía una hija desaparecida y la encontraron a los siete meses. Cuando me la dio me dijo que cuando apareciera Toño, la pasara y se la diera a otra persona, pero hasta día de hoy, no pude hacerlo”.

Resiliencia es María. Quien convirtió su dolor y su enojo en la fuerza necesaria para recorrer el país con la foto de su hijo organizando caravanas de paz con movimientos de víctimas que luchan en contra de la guerra contra las drogas en México. Se juntó con organizaciones de derechos humanos que exigen justicia por los desaparecidos y asesinados y convirtió su vida en un periplo de investigación y lucha para encontrar a su hijo.

Para José Antonio Robledo Fernández, Toño. Desaparecido en Monclova, Coahuila el 25 de enero de 2009.

 

Un memorial digno para las víctimas de la guerra

Reportaje de Marta Molina para Estación Sur en la WDR (Deutsche Welle Westdeutscher Rundfunk-Radio pública alemana) www.funkhauseuropa.de/sendungen/estacion_sur/

El 8 de mayo de 2011 llegó una gran marcha que caminó durante 3 días desde Cuernavaca (Morelos) hacia el zócalo de la Ciudad de México. Fue la marcha más grande en el país que pedía el alto a la guerra y el fin de la violencia. De ahí surgió el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que organizó tres caravanas, una al Norte de México, la otra al Sur y una tercera a Estados Unidos. Durante todo su caminar visibilizaron a las victimas de la guerra contra el narco, a los desaparecidos, a los asesinados y sus familiares y no pararon de pedir justicia. Hoy, dos años después, una de las acciones del aniversario de este movimiento fue ocupar un espacio público de la Ciudad de México, en donde se encuentra la Estela de Luz -considerado un monumento a la corrupción y al mal gobierno- y resignificarlo poniendo placas y pañuelos bordados por los desaparecidos y asesinados en el país. Piden que la Estela se convierta en Estela de Paz.
www.change.org/esteladepaz

Nepo, la sonrisa del camión “Seis”


Nepomuceno Moreno durante la Caravana al Sur con las fotos de su hijo pegadas a su estandarte. DR 2011 Isolda Osorio

por Marta Molina @martamoli_RR

Nepomuceno Moreno Núñez fue asesinado hace un año, el 28 de noviembre de 2011 en Hermosillo, en su natal Sonora. Un padre que buscaba a su hijo, Jorge Mario Moreno León, desaparecido el primero de julio de 2010 y que vio en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) la única esperanza para encontrarle y luchar, junto a otros mexicanos, para acabar con la guerra que se lo llevó. A él y a su hijo.

El próximo día 28 de noviembre de 2012 el MPJD rendirá homenaje a Don Nepo. 

La cita es a las 17h en la Estela de Luz, símbolo de la corrupción durante el último sexenio y de la crítica al gobierno que viene.

-A continuación recordamos a Nepo con un fragmento del artículo publicado en diciembre de 2011 días después de su asesinato-

Nepomunceno sabía que no era el único en este país al que le habían arrancado a su hijo sin motivo alguno, pero le hacía falta encontrarse con otros en su misma situación para empezar a organizarse. El segundo paso lo dieron ellos, gente como Nepomuceno, sin los que hoy no existiría el MPJD. El primero se llamó Javier Sicilia, el tercero ya fueron “todos”, las víctimas y los mexicanos y mexicanas solidarios con ellos y preocupados por el devenir de su país.

Lo asesinaron hace diez días mientras viajaba por la calle Pesqueira, en Hermosillo, Sonora. Tenía 56 años. Don Nepo el del camión 6, el de la sonrisa contagiosa. Así le llamaban sus compañeros de la Caravana por la Paz, que le recuerdan hoy por su sentido del humor pero sobre todo por su ejemplo de lucha. Nepo vio con sus propios ojos como crecía el Movimiento. Lo vio caminar, caminó con él, aprendió con él. Formó parte de la Marcha silenciosa a la que se unieron 600 personas que salió el 5 de mayo desde Cuernavaca -Morelos- rumbo a la Ciudad de México. Nepo quiso formar parte de este primer acto poético ciudadano y noviolento para pedir el esclarecimiento de la desaparición de su hijo y de todos los hijos de México.

El día 9 del mismo mes, llegaron los 600 marchantes al Zócalo capitalino que fue ocupado por decenas de miles de personas hartas de la política de guerra desatada desde 2006 por el gobierno de Felipe Calderón. Nepo ya no estaba sólo en su lucha. Encontró decenas de miles de “Nepos”, corazones calientes dispuestos a luchar y a organizarse para pedir justicia. Se sintió tocado por el asesinato de Juan Francisco Sicilia y conmovido por el llamado de su padre, Javier Sicilia a esa marcha que enseñaría a caminar de nuevo, juntos, a los mexicanos.

Nepo, antes de unirse al Movimiento, llevaba un año denunciando la desaparición forzada de su hijo que, según su testimonio, fue detenido el primero de julio de 2010, por policías del estado de Sonora cerca de Ciudad Obregón. Don Nepo empezó una campaña con el objetivo de demandar al gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías,  y solicitó una audiencia para la presentación de su caso. A su vez, expuso públicamente que había recibido amenazas de muerte y  solicitado, por ello, medidas de protección a las autoridades de la entidad. No fue jamás recibido por el gobernador, ni su solicitud de protección atendida.

Después de la primera marcha (Cuernavaca-DF) decidió unirse a la Caravana del Consuelo rumbo al norte del país a su paso por Durango. Allí lo vimos por primera vez, en la Plaza de Armas de la capital –Durango- con su pancarta “de doble lado” en la que se podía leer un claro mensaje de exigencia: “Autoridades de Sonora: ¿Dónde están nuestros hijos?”

Desde ese día, 6 de junio, este lado de la pancarta junto con el otro en el que aparecía la fotografía de Jorge Mario y sus 3 compañeros, (José Francisco Mercado Ortega, desaparecido; Mario Enrique Díaz Islas, asesinado; Geovani Otero, desaparecido; todos, el mismo 1 de julio) no se separaron de él. Giraba su estandarte de lado a lado para unificar este mensaje de exigencia: “¿Dónde están nuestros hijos?”

Con el mensaje de Don Nepo resonaban las palabras de Julián LeBarón ese mismo día en Durango: “¿ dónde está el gobierno?, ¿dónde está la autoridad? ¿dónde está la justicia? (…) Creo que es tiempo de que nos empecemos a hacer otras preguntas, antes de que en esas mantas estén nuestros hijos y nuestros hermanos, y nuestros padres, o nosotros. ¿Dónde estamos nosotros? Siendo 112 millones de mexicanos, ¿dónde estamos?”. Ese 6 de junio, Nepomuceno se unió al Movimiento para nunca más soltarlo.

Javier Sicilia con Nepomuceno Moreno durante la visita de la Caravana al Sur a la Junta del Buen Gobierno en Oventic, Chiapas DR 2011 Moyses Zuñiga

Javier Sicilia se encontraba en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el día del asesinato de su amigo, compañero de viaje y de movimiento, Nepomuceno Moreno. Las palabras pronunciadas por el poeta en este espacio -que se convirtió durante varios días en una agradable burbuja cultural- recordaron a los presentes que, cuatro días antes, el 24 de noviembre de 2011, aparecieron 26 cadáveres en Guadalajara, a tres cuadras del recinto del evento. Sicilia hizo presente a su compañero de lucha y de alguna manera se sumó a las palabras pronunciadas por LeBarón el 6 de julio en Durango y al porqué Nepo decidió unirse al Movimiento:

“Nuestro mayor obstáculo es la aceptación de la miseria, que la tomemos como algo normal. Necesitamos sentir que lo que le pasa a uno les sucede a todos. Esto es una afrenta para cada mexicano. Mientras no comprendamos eso, va a ser muy difícil entender que juntos somos mucho más fuertes que todos ellos. Pero juntos”.

Las palabras de Sicilia recordaban al “Todos somos Juan Francisco Sicilia”, “Todos somos hijos del poeta”, emblemas de las primeras movilizaciones contra la guerra. Hoy, muchos integrantes del movimiento sienten la misma identificación con Nepo. Además, varios de ellos, desde su asesinato, han agregado el nombre de Nepomuceno Moreno al de sus cuentas de Facebook y redes sociales, por ejemplo.

El MPJD señaló públicamente en un comunicado que Nepomuceno “estaba resignado a pelear solito” contra el gobierno de Sonora: “ya ni me quieren recibir, se ríen de mí, antes iba al cuartel del Ejército para denunciar el secuestro de mi hijo; escribí cartas a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) y nadie me hacía caso; hasta que me uní al Movimiento por la Paz. Veo que las organizaciones sociales tienen el poder para sentar al presidente Calderón en una mesa de diálogo y que los procuradores de justicia están obligados a recibirnos para reabrir las investigaciones”.

Nepomuceno Moreno durante el segundo Diálogo con el Ejecutivo Federal en el Alcázar de Chapultepec el 14 de octubre de 2011

Don Nepo participó en el segundo encuentro del movimiento con el Ejecutivo Federal en el Alcázar de Chapultepec el pasado 14 de octubre de 2011. En dicho encuentro, le entregó en mano el caso de su hijo a Felipe Calderón junto con todas las pruebas que había estado recopilando, la famosa carpeta con la que se subía a los templetes durante la Caravana al Sur. Además, solicitó medidas de protección, pero ni el gobierno federal, ni el gobierno del estado dieron atención a las exigencias de este padre que en ese instante representó, ante las autoridades, a todos los padres y madres con hijos o hijas desaparecidos.

El poeta Sicilia, desde Guadalajara, se refirió al asesinato de Nepomuceno Moreno como “la crónica de un asesinato anunciado. Él estuvo presente en el encuentro que mantuvimos con el presidente Calderón, y delante de todos le dijo: «Señor presidente, busco a mi hijo y estoy amenazado de muerte». También le dijo eso mismo al gobernador de Sonora. De hecho, le pedimos al gobernador que lo cuidara y protegiera. Y fue asesinado arteramente.”

“Vale más morirme en la raya”, dijo Nepo. Y así sucedió al fin. Pero su dolor, su consuelo, su esperanza, su lucha, se unió con la de miles de mexicanos durante la Caravana al Norte. El segundo acto poético: atravesar la “ruta del dolor” pisar las ciudades y pueblos del norte dónde más sangre se ha derramado. Con este caminar, se fue agrandando el corazón caliente del movimiento que mantenía la cabeza fría para seguir andando. A pesar de que el dolor era mayor a cada paso, a pesar de que, cuanto más al norte, más testimonios escalofriantes de muertos, asesinados y desaparecidos se sumaban al consuelo y al dolor, avanzaron hasta llegar a El Paso (Texas).

Nepo se convirtió en un organizador. Gracias a él y a su persistencia se abrieron casos de otros asesinados o desaparecidos en su natal Sonora. Nepo entendió, como dijo LeBarón en Durango, que “la solución está en nosotros”.

O como dijo Teresa Carmona, “nos mataron a todos un poco pero también es cierto que Nepo vive en cada uno de nosotros, igual que Joaquín, Pedro, Adriana, y todas las víctimas de esta guerra atroz. “La lucha es tan larga… no hay que desanimar” nos dijo Antonio de la Sociedad Civil Las Abejas de la tierra sagrada de Acteal. El andar de Nepo, nuestro andar”.

Nepomuceno Moreno junto a Socorro Vázquez Zamora y María Herrera (dcha.) en Juchitán, Oaxaca, durante la Caravana al Sur. DR 2011 Marta Molina

Central American mothers organize to find their missing migrant children

Waging Nonviolence

Mercedes Moreno holds a sign with a picture of her son, José Leonidas Moreno, who disappeared in 1991. (WNV/Mario Marlo)

“The things we have in common are that our sons or daughters are disappeared, and that we can organize from our pain, because it gives us courage,” said Mercedes Moreno, a migrant from El Salvador who has lived in Los Angeles since the 1970s. “We too will not rest until we find our children. Many of us also have to raise children while we search for our disappeared. We have a common pain, and we are all Mesoamericans. That’s why our home used to be called Mesoamerica.”

From 1978 into the 1980s, Mercedes organized with the Sandinistas and with the Salvadorans who fled from the civil war to the U.S. “We went to the churches and talked to the community priests, with the neighbors,” she explained, “so that they would listen and understand that we had something in common despite not being from the same country. Now, as mothers, we must do the same.”

Mercedes has not been able to get any information about her son, José Leonidas Moreno, since 1991. She just finished traveling with his photo on the Central American Mothers’ Caravan with 37 other mothers in search of their children, who disappeared in Mexico while traveling to the United States. Some were fleeing armed conflicts, while others found themselves homeless due to natural disasters that leveled all they owned.

Called “Freeing Hope,” this caravan of 38 mothers — which began on October 15 and ended on November 3 — traveled through El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala and across what is known as the “Migrant’s Route” in Mexico. This was the eighth such caravan organized by Central American mothers to arrive in Mexico. By the end, they had traveled nearly 3,000 miles, through 14 states and 23 towns, seeing with their own eyes the very landscapes that their children likely crossed while trying to reach the United States.

Although many of them have not been able to find their children, they drew attention from the media and authorities, spread awareness of migrants’ issues and put a face to the human rights’ violations that migrants are exposed to on their journeys.

María Teodora Ñaméndez, or “Teo,” was reunited with her son Francisco during the caravan. (WNV/Heriberto Paredes)

On October 28, María Teodora Ñaméndez,  or “Teo” as her companions in the caravan call her, excitedly told me about how after 30 years without seeing him, she would be reunited with her son Francisco the following day in Tierra Blanca, Veracuz.

“I’m going to scold him when I see him,” says Teo. She is 75 years old and just 15 days ago left her native Nicaragua for the first time, to search for her son. “My other sons said their brother was dead. No, son, he is alive, I would tell them. I felt it in my heart. That’s why I joined the Caravan.”

Rubén Figueroa, a human rights defender with the Mesoamerican Migrant Movement (MMM) and participant in the caravan was the one who, after following clue after clue, managed to find Francisco. He explained:

During this years’ Caravan, indications arose over a migrant who since 1985 had not communicated with his mother. I arrived in Veracruz and began following clues. Some neighbors didn’t want to say anything because they were afraid — because they were migrants too. They feel insecure. We followed a few false clues, but eventually we found him. “He might be the son-in-law of a woman I know,” some people told me. I went to visit that woman…  She put her hands to her chest, and I knew that Francisco was there. I also talked to his daughter, who said excitedly “my grandmother is looking for her son?”

Francisco arrived a bit later on his motorcycle. “Your mother has been looking for you,” I said. “I thought my mother was dead,” he said. “I thought this sort of thing only happened in telenovelas.”

Francisco Cordero had left Nicaragua at age 17. He had started out in a guerrilla movement. At 19 he went to El Salvador, and from there to Mexico. He had sent lots of cards to his home but his mother only received the first, and the rest were all returned to him. On the day Rubén found him, the people in his neighborhood came to hug him.

Now Francisco is 51 years old, he is married and has three children. Despite her age and having found her son, Teo will not leave the side of the 38 mothers she met on the Caravan. She plans to keep organizing with women who, like her, won’t rest until they find their children. “Now their children are also my children,” she said.

Rubén Figueroa was also a migrant. At 16 years old, he left for the United States and spent five years working in North Carolina. When he came back to Mexico, he and his mother began doing humanitarian work. They fed migrants, gave them shelter, heard the stories of raped women, of kidnappings, extortion and threats. Now he is a human rights defender.

Like him, many mothers of disappeared migrants have become organizers after participating in the caravan. Eméteria, for example, found her daughter on the first mothers’ Caravan two years ago, after not seeing her for 21 years. Despite having found her daughter, she has continued working with other mothers of the disappeared and accompanied them on the latest caravan. She has also created a radio program in her community that demands rights for migrants and encourages listeners to join them in asking for justice. The governments in the region “don’t do their job, and aren’t even interested in doing it, which is why we have to keep organizing,” she comments.

(WNV/Marta Molina)

Carmen Lucia Cuaresma is from Nicaragua, but lives in Costa Rica. She is searching for her son Álvaro Enrique Guadamos Cuaresma. The last time she heard his voice was in March of last year over the phone. He was asking for $2,000 dollars.

“Where am I going to get that money if I’m poor? And I asked myself, could it be that he was kidnapped?” Carmen lamented. “We are no longer in the era of slavery; we are human beings with the right to live. As a mother and in the name of everyone, I say, enough with the extortion, enough with the assassinations and kidnappings!”

Friar Tomas González works every day to pull these human tragedies that take place south of Mexico out into the light. He directs a migrants’ shelter called “The 72” in Tenosique (Tabasco). On October 27, when the caravan passed through Mexico City, he commented that:

It is organized civil society that’s facing this monster, in the migrants’ homes, in the shelters, places where victims arrive daily. We are doing the work of the Mexican state. Some of us are there, negotiating with kidnappers so that they’ll free people — work that ultimately isn’t our job, but in the end we’re doing it. We can’t trust the state because they haven’t given us answers. Their answer has been that they’re creating more check-points and border patrols.

“They can’t just sic the police on the migrants,” comments José Jaques Medina, co-founder of the Mesoamerican Migrant Movement. It’s not a penal, criminal or national security issue. For Jaques Medina it is shameful that in Central America it is so common to have a family member disappear in Mexico. Although there are no official statistics, he said that nearly 70,000 migrants have disappeared since 2006, when President Felipe Calderón began the “war against organized crime.” Medina added that:

Mexico holds a huge responsibility for the wounds it has inflicted on these nations. It carries the weight of these dead, disappeared, kidnapped, extorted. This is about people, and it can’t even give the mothers of these disappeared a name, or a gender, or a nationality, or a corpse, and the bodies are moved from a clandestine grave to a communal grave, leaving them anonymous while families die looking for their family members.

Narcicia Socorro Gómez marches with a picture of her son, Eugenio Marcelino Juarez Gómez, around her neck. (WNV/Mario Marlo)

The caravan of mothers stopped many shelters that work to give refuge to migrants. They are situated along the railways called “The Beast,” on which the trains that migrants jump on in order to cross the country travel. Eugenio Marcelino Juarez Gómez, Narcicia Socorro Gómez’s son, might have ridden one of those trains 10 years ago, when he left Nicaragua. She hasn’t heard from him since.

“We have been going from shelter to shelter and we see the young men who are traveling, and I see my son in them. I think that my son passed through these same places. Knowing how the route is, it makes me feel heavy-hearted and very sad,” said Narcicia. When we ask her what she says to these young men she replies energetically: “I tell them to go back to their homes. But they insist on going, they don’t listen… They say ‘No, but we want the American Dream everyone else wants too.’”

“Now is the moment in which the Central American mothers should unite with the Mexican mothers,” María Herrera said. She is Mexican, and has four disappeared children. She became an organizer with the Movement for Peace with Justice and Dignity (MPJD) when the poet Javier Sicilia came through the Michoacán Stadium during the “Caravan of Consolation” on June 6, 2011. She climbed up on a platform before the Cathedral of Morelia and said that she was “a humble person, not educated to speak [before an audience], but that the pain and helplessness force me to speak.” Like the 38 Central American mothers who made up the “Freeing Hope” caravan, María is a mother with colossal strength who turned her pain into action and has grown in her capacity as an MPJD organizer. “We joined their pain and strength to fight. We admire them,” she said. “For us, there is no respite in this search for our children. We are moved by a pain that only we can understand. Today we say ‘you are not alone.’”

During the caravan, there were six reunions of mothers and their sons. They inspired more mothers to keep doing the work that their governments aren’t doing. In addition to looking for clues that would lead them to their sons, the caravan made the dangers and human rights violations that migrants face while crossing through Mexico more visible.

Madres centroamericanas se organizan para encontrar a sus hijos migrantes

Domingo 04 de noviembre de 2012 – Este sábado 3 de noviembre ha terminado Liberando la Esperanza, la Caravana de 38 madres centroamericanas que han recorrido México para denunciar la desaparición de miles de migrantes en el apocalíptico recorrido hacia el Norte. Hacemos balance con Marta Molina.

Por Marta Molina para Otramérica

“Tenemos en común que nuestros hijos o hijas están desaparecidos. Tenemos en común que podemos organizarnos desde el dolor porque nos da valentía y coraje. Tenemos en común que no descansaremos hasta encontrar a nuestros hijos. Tenemos en común que a muchas nos toca ser padres y madres a la vez. Tenemos en común que el dolor nos une y que somos mesoamericanas. Por eso nuestra casa se llamaba Mesoamérica antes”

Son las palabras de Mercedes Moreno, migrante procedente de El Salvador y residente en Los Ángeles desde los años 70. Allí empezó a organizarse, con los sandinistas en 1978 y en los 80, con los salvadoreños que llegaban huyendo de la guerra civil. “Íbamos a las iglesias a hablar con los Padres de la comunidad, con los vecinos, para que nos escucharan y entendieran que teníamos algo en común a pesar de no ser del mismo país. Ahora, como madres, debemos hacer lo mismo”.

No sabe nada de su hijo José Leónidas Moreno desde 1991 y viaja con su foto –tomada en 1988- en la Caravana de Madres Centroamericanas. Salieron de El Ceibo – frontera Guatemala-México- para buscar a sus hijos que desaparecieron en México cuando iban rumbo a los Estados Unidos. Unos, buscando una vida mejor, otros, huyendo de conflictos armados, otros se quedaron sin casa por culpa de desastres naturales que arrasaron con todo lo que tenían.

Mercedes nos recuerda que fue “el hombre” quien inventó las fronteras, y mientras el dinero y las armas circulan libremente por el mundo, los migrantes se convierten en mercancía, en moneda de cambio, en el blanco perfecto para las extorsiones. Los derechos humanos también los inventó “el hombre”, pero para los migrantes no existen tales derechos.

“Liberando la Esperanza” es el nombre de esta Caravana de 38 madres procedentes de El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala que están recorriendo la llamada Ruta del Migrante por México.  Esta es la octava Caravana de madres de Centroamérica  que llega a este país. Durante 20 días -entre el 15 de octubre y el 3 de noviembre- pasaron por 14 estados y 23 localidades. 4.600  kilómetros durante los que las madres rehacen parte del camino que supuestamente recorrieron sus hijos con el objetivo de llegar a los EEUU. Aunque muchas de ellas no han encontrado a sus hijos, han conseguido llamar la atención de las autoridades y medios de comunicación para sensibilizar sobre el tema migratorio y evidenciar las violaciones de los derechos humanos a las que se exponen durante la ruta.

“En la organización está la fuerza”, dice Mercedes. Y quizás esto es lo que hace que la esperanza se convierta en realidad, como sucedió el pasado 28 de octubre, día en el que pudimos hablar con María Teodora Ñaméndez , “Teo” -así la llaman sus compañeras de la Caravana-. Nos contó emocionada que después de 30 años de no saber nada de su hijo Francisco se reuniría con él, al día siguiente, en Tierra Blanca, Veracruz.

Teodora es nicaraguense y encontró a su hijo francisco durante la Caravana de este año. Heriberto Paredes DR 2012

“Le voy a regañar cuando le vea”, dice Teo. Tiene 75 años y hace quince días salió por primera vez de su país, Nicaragua, para buscar a su hijo. “Mis otros hijos me decían que su hermano estaba muerto. Está vivo, les decía. Lo sentía en el corazón, por eso me sumé a la caravana. Las otras mamás no consiguieron a sus hijos y maridos pero continuaré con ellas buscándolos hasta que los hallen“.

Rubén Figueroa, defensor de los derechos humanos del Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM) y parte de la organización de la Caravana, fue quién dio con Francisco, después de seguir pistas y más pistas.

“Durante la Caravana de este año,  surgieron indicios sobre un migrante que desde 1985 no se comunicaba con su mamá. Llegué a Veracruz y empecé a seguir pistas. Algunos vecinos no querían decir nada, por miedo, porque también son migrantes. Se sienten inseguros. Seguimos pistas falsas, hasta que dimos con él. Posiblemente es el yerno de una mujer que conozco, me dijeron. Fui a visitar a esta señora. “¿Su yerno se llama Francisco Cordero? Sí. Su mamá le anda buscando”. Ella se puso las manos en el pecho. Entonces supe que Francisco estaba ahí. Hablé también con su hija, quién dijo emocionada: “¿mi abuela anda buscando a su papá?”.

Francisco llegó al cabo de un rato en su motocicleta. “Su mamá le anda buscando”, dije. “Yo pensé que mi madre había muerto”, respondió. “Pensaba que esto sólo se ve en las novelas”.

Francisco Cordero salió de Nicaragua a los 17 años. Estuvo primero en la guerrilla. Y a los 19 años se fue a El  Salvador y de ahí llegó a México. Envió varias cartas a su casa pero su mamá sólo recibió la primera y el resto las regresaban. El día en que Rubén le encontró, la gente de su vecindario llegó a abrazarlo. Ahora, tiene 51, está casado y tiene 3 hijos.

Teo, a pesar de su edad y de haber encontrado a su hijo, no se va a despegar de las 38 madres que conoció en la Caravana y va a seguir organizándose con las mujeres que, como ella, no descansarán hasta encontrar a sus hijos. “Ahora también son los míos. Si el otro año vuelven, voy a venir con ellas, a acompañarlas”.

Rubén Figueroa comentó en entrevista : “Hoy día siguen desapareciendo migrantes. Todo, por culpa de la criminalidad, la persecución, y los crímenes cometidos en su contra. No sólo hay desaparecidos de hace 30 años. Los hay de un año, dos, tres y menos, y todo tiene que ver con la complicidad de las autoridades con el crimen organizado”, comenta Rubén Figueroa. Además, los gobiernos no hacen su trabajo, por lo tanto no nos queda más que organizarnos nosotros para buscar a los desaparecidos y exigir los derechos de los migrantes. Somos realistas, no todos los que buscamos están vivos, pero es nuestra responsabilidad el buscarles entre los vivos porque vivos vinieron, vivos los queremos.”

Rubén también fue migrante. A sus 16 años se fue a Estados Unidos y trabajó 5 años en Carolina del Norte. Al regresar a México, junto con su madre, empezaron a hacer un trabajo humanitario y de organización: alimentar a los migrantes, darles cobijo,  escuchar historias de mujeres violadas, secuestros, extorsiones, amenazas… Ahora es un defensor de los derechos humanos.

Como él, muchas madres de migrantes desaparecidos, después de participar en las caravanas, se convierten en organizadoras. Eméteria, por ejemplo, que encontró a su hija durante la Caravana de hace 2 años, después de 21 años sin saber nada de ella. Aún así, no dejó de acompañar a las demás mamás. Desde entonces siguió organizando a las madres de los desaparecidos y creó un programa de radio en su comunidad. De esta forma extiende el mensaje de exigencia de derechos para los migrantes y concientiza a más gente para que se una y reclame justicia a los gobiernos que “no hacen su trabajo, ni les interesa, por lo tanto, hay que seguir organizándose”, comenta.

Carmen Lucía Cuaresma es de Nicaragua pero vive en Costa Rica. Viene buscando a su hijo Álvaro Enrique Guadamos Cuaresma. La última vez que escuchó su voz fue el mes de marzo del año pasado. Le llamó pidiéndole 2000 dólares.  “¿Dé donde los voy a sacar si soy pobre?, ¿será que me lo secuestraron?. Ya no estamos épocas de esclavitud, somos seres humanos y tenemos derecho a vivir. Como madre y en nombre de todas reclamo ¡basta de extorsión, basta de asesinatos, basta de secuestros!”.

Fray Tomás González trabaja cada día para sacar de la invisibilidad las tragedias humanas en la frontera sur del país. Es el director  del albergue de migrantes  “La 72” en Tenosique (Tabasco). El pasado sábado 27 de octubre, al paso de la Caravana por la Ciudad de México, comentó que “la sociedad civil organizada somos los que estamos enfrentando este monstruo, en las casas del migrante, en los albergues, allí donde llegan las victimas diariamente. Le estamos haciendo el trabajo al estado Mexicano hasta mediando con los secuestradores para que liberen a las personas, trabajo que no nos corresponde pero que finalmente lo estamos haciendo. No podemos confiar en los estados porque no han dado respuestas. Eso si, ya han declarado que van a multiplicar las estaciones migratorias y a crear policías fronterizas”.

“No pueden echarle policía a los migrantes”, comenta José Jaques Medina, cofundador del Movimiento Migrante Mesoamericano. No es un problema penal, no es un problema criminal, no es un problema de Seguridad Nacional, es un problema de Seguridad Humana. Para Jaques Medina es una vergüenza que en Centroamérica sea demasiado común tener un familiar desaparecido en México. Los especialistas y académicos cuentan ya 70.000. “México tiene una responsabilidad enorme por la herida que causó a estas naciones, carga con estas muertes, desapariciones, secuestros, extorsiones y trata de personas y no puede dar a las madres de los desaparecidos ni un nombre, ni un sexo, ni una nacionalidad, ni un cadáver y los cuerpos pasan de una tumba clandestina a una fosa común dejándoles en el anonimato mientras las familias se mueren buscando a sus familiares”.

 Los albergues de sus hijos

Narcicia Socorro Gómez busca a su hijo Eugenio. Hace 10 años que no sabe nada de él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Caravana de madres paró en muchos de los albergues que se encargan de dar cobijo a los migrantes. Están situados al lado de las vías del tren llamado “La Bestia” al que se suben para atravesar el país. A los hombros de esta Bestia pudo viajar Eugenio Marcelino Juares Gómez,  hijo de Narcicia Socorro Gómez. Hace 10 años que se fue de Nicaragua y desde entonces su madre no sabe nada de él. “Ahorita hemos venido de albergue en albergue  y vemos a los chavales que van y se me refleja mi hijo en ellos y pienso que mi hijo pasó por esta mismos lugares. A saber como pasaría. Me da un gran pesar y me pongo muy triste”. Cuando le preguntamos sobre qué les dice a estos “chavales” nos responde enérgicamente: “Yo les digo que se regresen para sus cases. Pero ellos insisten en ir, no hacen caso. Yo les digo no hijitos, regrésense para atrás, les van a hacer mucha falta a sus mamitas. No, pero es que nosotros queremos el sueño americano que todos deseamos”.

“Si no despertamos, nadie lo va a hacer por nosotras”, comenta Virginia Orcot. Viene de Guatemala, de Patzún, en el Departamento de Chimaltenango. Carlos es su esposo y vino a buscarle. “Se vino para acá porque en Guatemala no hay trabajo y quería emigrar a los Estados Unidos. Vino el 20 de agosto de 2009 y me llamó cuando llegó a México el 26 de agosto. Llegó bien. Después me llamó el 5 de septiembre diciéndome que estaba esperando a algunos compañeros para cruzar y ya no supe nada de él. Esperé un mes, dos meses, tres meses, cuatro meses, cinco meses y a los seis meses me llamaron pidiendo un rescate por él: 40.000 quetzales . Envié 24.000 después de pedir ayuda a mi comunidad. Nunca más supe de él”.  Carlos Enrique tiene 40 años y 5 hijos en Chilmaltenango. Tres de sus vecinos fueron víctimas de la masacre de San Fernando en Tamaulipas en 2010 en la que fueron asesinados 72 migrantes.

María Herrera, organizadora del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) con 4 hijos desaparecidos en su primera intervención en público durante la Caravana del Consuelo del MPJD –junio 2011- en Morelia, Michoacán.

“Ahora es el momento en que las madres centroamericanas y las madres mexicanas deben unirse”, comenta María Herrera. Es mexicana y tiene 4 hijos desaparecidos. Se convirtió en organizadora del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) cuando el poeta Javier Sicilia pasó por el estado de Michoacán durante la llamada “Caravana del Consuelo” el 6 de Junio de 2011. Por aquel entonces se subió a un templete delante de la Catedral de Morelia y dijo textualmente que ella era “una persona humilde que no tiene preparación, pero el dolor y la impotencia me hacen hablar”. María es una madre con una fuerza colosal que, como las 38 madres centroamericanas que acompañan la Caravana “Liberando la Esperanza” convirtió su dolor en acción y ha ido creciendo como organizadora con el MPJD. “Nos unimos a su dolor a su esfuerzo en la lucha. Las admiramos. Para nosotras no existe el cansancio en la búsqueda y el reencuentro de nuestros hijos y nos mueve un dolor que sólo nosotras podemos entender. Hoy gritamos juntas “no están solas”.

Durante esta edición de la Caravana se dieron cinco encuentros -uno en Tabasco,Nuevo León, Distrito Federal y dos en Chiapas- que se fueron forjando a través de las pistas encontradas durante la segunda Caravana en 2011. A estos encuentros se les sumó  uno no planeado en Veracruz y se logró organizar a más madres para continuar haciendo el trabajo que los gobiernos de sus países y el mexicano no hacen. Además de buscar pistas de los migrantes se logró visibilizar las precarias condiciones y las violaciones de los derechos humanos a las que se enfrentan los migrantes durante su paso obligado por México. También se consiguió coordinar a las organizaciones sociales y los albergues de migrantes para exigir a los gobiernos que atiendan el llamado de las madres de buscar a sus desaparecidos.

Mercedes, María Herrera, Carmen Lucía , Virginia, Narcicia, Teo y Emetéria tienen en común ahora que los hijos desaparecidos en Mesoamérica, migrantes o no, son sus hijos y no descansaran hasta encontrarlos o saber qué pasó con ellos.

Una versión de este artículo fue publicada originalmente en inglés por Waging Non Violence

Mexican Caravan for Peace demands change to U.S. drug policy

for WNV Waging non Voilence by | August 11, 2012

In spite of the environment of agitation and mobilization in post-electoral Mexico, and a presidential campaign season in full swing in the United States, members of Mexico’s Movement for Peace With Justice and Dignity (MPJD) will begin a Caravan for Peace across the United States on August 12. On their route, they will pass through more than 25 cities in just one month to demand change in the violent drug policy that has been imposed by their neighbors to the north.

Tijuana, San Diego and Los Angeles will be the first three cities to receive the caravan. They will pass through Texas, the South, Chicago and the northeastern United States, including New York and Baltimore. The last stop will be Washington, D.C., where they will be from September 10 to September 12. This will be the third caravan organized by the MPJD, Mexico’s largest movement against the War on Drugs, inspired just over a year ago by the poet Javier Sicilia. Through his anguished response to the assassination of his son Juanelo, he brought together victims of the drug war.

The first caravan, called the Caravan of Solace, left on June 4, 2011, and ran from Cuernavaca, Morelos, to Ciudad Juarez, Chihuahua, then crossed the northern border to conclude in El Paso, Texas. Over the course of 10 days, it united victims of the drug war, who began to turn their pain into organizing, while showing the world that they were not simply statistics or collateral damage. Rather, they were Mexicans seeking dignity.

Those were the first steps taken by members of the MPJD. During their first dialogue with Mexican President Felipe Calderón on June 23, 2011, they demanded justice for the victims of violence and a halt to the War on Drugs. Afterward, they organized a second caravan in September 2011. This caravan, called the Caravan of Peace, passed through Puebla, Veracruz, Oaxaca and Chiapas before reaching Mexico’s southern border with Guatemala. With those two caravans in 2011, the movement managed to bring together victims of the War on Drugs — and of the structural violence found throughout the country — as well as organizations and social movements in the north and south.

In doing, it reinforced alliances with those who already had long organizing histories, such as with Las Abejas de Acteal, in Los Altos de Chenalhó, Chiapas, whose members shared lessons from their long history of nonviolent struggle, beginning in 1997 with the massacre of 45 indigenous tzotziles. Representatives from indigenous communities in Chiapas, from the Consejo de Pueblos, or Council of Villages, in Morelos, and members of the Wixárica (Huichol) community, among others, will be accompanying the caravan to the United States.

After a year of working and learning, the MPJD continues improving its strategies and strengthening its national and international networks of support. Organizers decided to embark on the Caravan for Peace in order to unite and draw attention to victims of violence on the northern side of the border — migrants forced to flee their homes by violence or economic need, those who are threatened for defending human rights or those left unprotected by Mexico’s failed state.

Many who have been affected by the War on Drugs are no longer afraid. They have realized that they are no longer alone and continue to work to strengthen their organization. They are no longer fighting to find their parents or children, or to seek justice for their loved ones, but instead they are fighting for all parents and children of the disappeared.

Those who will make their voices heard include Teresa Carmona, whose son Joaquín was killed at the age of 21; Olga Reyes Salazar, whose nephew and four brothers and sisters were assassinated; Araceli Rodríguez, whose son Luis Ángel is a federal police officer who disappeared in November 2009; Melchor Flores, with his giant “galactic cowboy” poster, whose son disappeared January 19, 2009, after being taken away by policemen in Monterrey; and Maria Herrera, a mother of four disappeared. Each of them walked alongside Javier Sicilia during the caravans to the north and south of Mexico. Now they will do the same with victims on the other side of the border.

Members of the MPJD will argue that drug prohibition has failed, while exacting a tremendous social cost for Mexico as well as the United States. The movement released this statementon June 18 in Mexico City:

The growing violence in Mexico, with more than 70,000 people assassinated and 20,000 people disappeared just since 2006, coupled with the mass incarceration of people in the United States — with only 5 percent of the global population, the United States holds 25 percent of the world’s incarcerated people — starkly illustrate the ways in which the War on Drugs is destroying the social fabric of both the United States and Mexico.

Moreover, in Javier Sicilia’s recent open letter directed toward Mexican president Felipe Calderón, he reaffirms the position he has defended since the movement began:

History demonstrates, with the case of the prohibition and subsequent legalization of alcohol in the United States, that drugs are an issue of public health, of personal liberties, of State market controls. Never an issue of national security.

Javier Sicilia. Photo by Isolda Osorio.

Sicilia believes that President Obama already knows the U.S. drug policy is a failure, but has done nothing about it. The United States has promoted similar drug policies abroad knowing full well that its own citizens are one of the world’s primary markets for illegal drugs. As caravan participant Olga Reyes wrote: “This isn’t ours, it belongs to those up North. They sell the arms, they launder the money, and we provide the corpses.”

The Zapatista movement has also joined Sicilia’s call. On May 7, Zapatistas marched in silence through the city of San Cristóbal de Las Casas, in Chiapas. Afterward, Subcomandante Marcos stated: “This war has always mainly targeted innocent people, from all social classes, who have nothing to do with drug trafficking or with the government.”

At a press conference in Mexico City on June 18, Sicilia further explained his view of how the violence in Mexico is so closely linked to U.S. security policy, resulting in virtual war zones, human rights violations and the deterioration of the rule of law:

This policy has permitted the existence of a vicious cycle of drugs, illegal arms trafficking and a financial system propped up by money laundering. All of this is possible because of a bilateral policy that feeds war and tramples migrants, indigenous communities, children, women and other vulnerable groups. Violence and death are perpetuated, and our social fabric is broken. And on top of the pain, death and suffering faced by thousands of families, it is a shame that our own governments turn around to criminalize and persecute those who seek justice and dignity.

In recent months, the MPJD has found new support in Mexico’s Yo Soy 132 movement, which spoke out against the mass media and demanded an authentic democracy in the middle of the Mexican campaign season. On August 6, in an effort to unite the social movements in Mexico, Yo Soy 132 declared its support for MPJD with these words:

We now walk together, we have found each other. Two droplets of our struggles that walk in search of peace, justice, and for the dignity of many peoples, for life, will now form a torrent that seeks to heal the wounds of a country that bleeds and for whom we hurt. We walk together in search of a world where we are not omitted, not silenced, where we are not killed. That is our light, in which we burn together, let’s continue walking!

As the caravan crosses the border to promote a message of peace, it insists that the United States, too, has been complicit in the war and its violence. Sicila explains, “We believe that the pains we share are linked by policies that are wrong, and we want them changed.”